Un Trump impredecible en un mundo conmocionado

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La victoria de Donald Trump el pasado martes 8 en las elecciones presidenciales norteamericanas, sacudió al mundo de mala manera. La humanidad se llenó de temor por lo que representa la nación más poderosa de la tierra en manos de un demagogo temerario y político improvisado.
El derrumbe de todas las predicciones de las encuestas más reconocidas deja en entredicho una actividad que sus aciertos eran casi una verdad obligada y raramente fallaban. Ahora deben justificarse ante una nación para ver dónde los electores engañaron a las firmas encuestadoras de renombre internacional.
Sin embargo es necesario apuntar que las encuestas finales había una vacilación en los resultados que iban desde un empate técnico hasta una diferencia muy mínima y que nunca pasaba del 3% en favor de la candidata demócrata Hillary Clinton.
Ahondar en las razones de la derrota demócrata frente a un candidato republicano a todas luces fuera de la lógica política más razonable, es una tarea para los expertos. Este artículo es un juicio de valor de un observador, un outsider como dirían los norteamericanos, preocupado por un derrotero muy delicado para los Estados Unidos.
De inmediato, por las reacciones que se han registrado dentro de Estados Unidos, por las protestas en muchas ciudades y el nerviosismo con el consiguiente desplome de las bolsas, es muestra del impacto negativo del ganador republicano. Este ha generado incertidumbres muy delicadas para la estabilidad económica mundial.
La noche del martes ocho fue de grandes expectativas a todos los niveles, surgiendo toda clase de vaticinios. Pero la tendencia fue notada en seguida y el sesgo de la votación iba señalando cuál iba a ser el resultado final. Tan solo con los casi 300 votos electorales aseguraron el triunfo de Trump, mientras la señora Clinton se mantuvo conservadoramente muy atrás. Sin embargo, la candidata demócrata obtuvo más votos populares lo cual es muy significativo para su desempeño futuro de gravitación en el mundo político norteamericano. Esto siempre que sus condiciones de salud le permitan ser un ente decisivo en ese mundo tan agresivo e implacable de la política norteamericana.
La victoria de Donald Trump hay que verla en el contexto de la mentalidad conservadora de millones de norteamericanos de raza blanca. El mensaje de Trump es restaurar la supremacía blanca. Esto impactó en un electorado conservador cansado de verse desplazado de sus trabajos, sus barrios y regiones de las praderas del Medio Oeste. Aparte de un sentimiento sexista muy arraigado ya que hay millones de norteamericanos en que rechazan verse gobernados por una mujer. Y en la nación más poderosa de la Tierra.
Existen grandes enclaves raciales norteamericanos con una filosofía conservadora que no las ubican las firmas encuestadoras que rechazan la invasión constante a sus feudos tradicionales. Primero fueron los descendientes de africanos negros, luego los latinos del sur de la frontera con México y del Caribe. Ahora se ven asediados por musulmanes de las más diversas naciones y razas. Predominan los hindúes, sirios, iraquíes, chinos, vietnamitas que constituyen un valioso aporte a la tecnología norteamericana.
Hay grandes enclaves humanos en la parte central de Estados Unidos que viven con un vibrante conservadurismo y siempre han visto con ojeriza de cómo el país se ha ido arropando por las inmigraciones humanas subdesarrolladas. Estas son muy distintas a las que llegaron a principios del siglo XX desde Europa. Estas que han llegado después de 1960 son muchos más débiles culturalmente y han desplazado de sus trabajos a los norteamericanos originales. Esto provocó un repliegue social de los conservadores norteamericanos que necesitaban de una voz que les devolviera las esperanzas para recuperar sus sueños perdidos de la superioridad blanca.
Y para ese conservadurismo norteamericano Trump encarna la redención de sus sueños de larga espera. Es que para ellos debe venir a salvar a Estados Unidos del desmoronamiento social por culpa de las inmigraciones no deseadas. Y en eso Trump fue muy hábil al prometer cosas como construir un muro en la frontera con México, devolver los ilegales a sus países de origen. Fueron promesas muy hábiles que apuntalaron su candidatura ya que había una sintonía con el deseo conservador de recuperar el honor de ser superiores en el mundo gracias a la llegada de su Mesías político.