Nos falta todo

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Recuerdo que en la esquina de las calles Santiago Peguero y Colón había un almacén de maderas que vendía el pie de pino a 6 centavos y el de caoba a 12. Barahona, década de 1940-1950. No recuerdo un programa de reforestación en la península de Barahona en los últimos 50 años. Los incendios forestales de este año afectaron más de 400 kilómetros de bosques que tardarán décadas en recuperarse. Necesitamos, pues, emprender una tarea de reforestación ciclópea, que incluya a todos los sectores. Normalmente la prensa se ocupa del problema del día. La tendencia a la inmediatez y la línea del menor esfuerzo se imponen.

Sabemos que sin bosques no hay ríos, sin ríos no hay agua y sin agua no hay vida. Aquí hay tanta gente irresponsable y vaga que es capaz de decir: que se desalinice el agua del mar. Esa no es la solución.

Necesitamos reforestar el país, para no convertirnos en un erial como Haití. Hay que mantener a los haitianos en su patria, para que no nos deserticen, como hicieron en el lado oeste de la isla.

Azorín decía que la Patria se conoce cuando se conoce la geografía, pero la geografía hay que conocerla caminándola, viéndola, viviéndola, no sólo en un mapa.

Los estudios de todo lo que hay que hacer en el país se conservan en despachos y oficinas cuyos administradores, en muchos casos, desconocen su existencia. No hay, pues, que estudiar nada. Lo que hay que hacer es comenzar.

El plan de reforestación debe contemplar varias etapas y observar algunos comportamientos.

Si se persigue al campesino cuando necesita un pino para hacer su casa o para techar una parte, espere el fuego, que luego le dan el permiso para beneficiar el piso quemado.

El país necesita un plan de uso de suelos que respeten las autoridades municipales, las de Obras Públicas y se dé a conocer al pueblo para que lo haga suyo. Construir casitas de un piso, o de muchos, en terrenos con vocación forestal o agrícola, es un crimen.

Las especies a sembrar no deben ser objeto de una investigación de años y de discusión entre sabios que nunca han sembrado un árbol ni manejado una finca forestal.

La acacia maderable, por ejemplo, ha dado buenos resultados como árbol de rápido crecimiento; también la caoba hondureña.

El gobierno, en combinación con los propietarios de fincas de lomas, debe sembrarlas de pino, acacia, caoba y otras especies de rápido crecimiento y de fácil comercialización.

Anualmente se importa madera por varios cientos de millones de dólares. Un bien administrado plan de reforestación puede comenzar a disminuir esas cifras en cinco o seis años.

Nos perdemos en las trampas en los padrones de los partidos, en los precandidatos a la Presidencia de la República para el 2050, en el calendario de Fefita la Grande y en otras pendejadas, mientras los ríos se secan, la producción de alimentos disminuye y cada día producimos menos divisas para comprar en el extranjero los alimentos que debemos y podemos producir aquí. Ello indica que cada día andamos peor que el anterior.