Novedosa técnica radiante

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Se trata de la radioterapia de intensidad modulada (IMRT), que permite regular la intensidad de la radiación emitida de modo que se concentre sobre los tejidos a ser tratados y no afecte a otros órganos.

Esta mayor precisión permitiría aumentar las dósis de radiación sobre puntos específicos, haciendo que en tratamientos de un 43% de efectividad esta se eleve hasta un 93%.

De acuerdo con lo expresado recientemente ante la Sociedad Argentina de Urología, por el experto estadounidense David Rice, las secuelas de corto plazo -producidas como consecuencia del daño de órganos vecinos-, se ven reducidas a la mitad respecto de otras terapias radiantes.

Con los avances en el uso combinado de radioterapias se logró reducir de un 80 a un 50% la necesidad de prostatectomías, entre cuyas consecuencias se hallan impotencia sexual e incontinencia urinaria.

El cáncer de próstata es la más frecuente de las afecciones oncológicas en los varones adultos. Aparece más frecuentemente en varones de una edad promedio de 65 años, pero puede presentarse antes: según el National Cancer Institute de los Estados Unidos, el riesgo de vida que representa el cáncer de próstata para un hombre de 50 años es del 10%.

La próstata es uno de los órganos que componen el aparato sexual masculino, y su extirpación por vía quirúrgica -la prostatectomía radical, que sigue siendo una de las alternativas más usadas para controlar el cáncer de próstata- implica por lo general impotencia sexual o incontinencia urinaria como efectos adversos de corto plazo, pero que no siempre desaparecen y pueden volverse permanentes.

El médico oncólogo y especialista en radioterapia David Rice, quien trabaja hace varios años en uno de los centros privados más prestigiosos de los Estados Unidos en radioterapia, estuvo recientemente en la Argentina explicando las posibilidades de aplicar esta técnica con mucha mayor precisión gracias a las nuevas tecnologías, permitiendo reducir la necesidad de llegar a la prostatectomía, a la vez que reduce a la mitad las lesiones sobre el tejido sano y posibilita aplicar mayores dósis sólo sobre las zonas de tejido que realmente lo necesitan, confiriendo mayor efectividad a los tratamientos, sea en forma exclusiva o combinados con otras terapias.

“Veinte años atrás -explica Rice, formado en la universidad de Michigan-, al 70 u 80% de los pacientes con cáncer de próstata se les efectuaba una prostatectomía, y hoy en esa proporción se combinan otras técnicas”. El especialista se refiere al avance, sobre todo, de las radioterapias, que “hoy en día se usan, solas o combinadas, en el 60% de los tratamientos de cáncer”.

Menos efectos adversos

Rice participó durante la primera semana de mayo de un simposio realizado en la Sociedad Argentina de Urología, en el que dió cuenta de las ventajas de la más avanzada de las técnicas de radioterapia -denominada radioterapia de intensidad modulada o IMRT, por sus siglas en inglés-, en varios tipos de cáncer y en especial para el tratamiento de tumores de próstata.

En cuanto a los “efectos de largo plazo”, Rice comenta que “se observan en aproximadamente un 2% de los casos, con cualquier tipo de radioterapia”, y que “con IMRT puede ser aún menor, pero no hay que olvidar que teniendo menos efectos agudos, se pueden dar mayores dósis y hay más posibilidades de cura”. Citó al respecto estudios según los cuales al aplicar entre un 13 y un 15% más de radiación, el control de tumores localizados aumenta de un 43% hasta un 93%.

A la vez, un estudio realizado en la clínica estadounidense Memorial Sloan Kettering Cancer Center, uno de los centros más destacados del mundo en la especialidad, los pacientes tratados con IMRT evidenciaron una tasa de supervivencia a tres años del 92% cuando fueron tratados en estadíos tempranos, y de más del 80% en quienes tenían un pronóstico inicial desfavorable.

Estrategias combinadas

Actualmente los oncólogos tienden a implementar tratamientos multimodales a medida de cada paciente, combinando radioterapia, cirugía, quimioterapia u otras formas de tratamiento.

La radioterapia puede ser usada antes o después de la cirugía: “En estos casos -apunta el médico estadounidense-, el tratamiento combinado hace que la cirugía sea menos agresiva”.

Rice explica que para el cáncer de próstata existen tres grados de riesgo, determinados por la concentración en sangre del antígeno prostático específico (PSA) y por el score de Gleason. El primero debe ser menor a 10 nanogramos por mililitro (ng/ml), y el score de Gleason, que mide el grado de agresividad del tumor, se evalúa mediante una biopsia, de acuerdo con una escala que va de 2 a 10.

La técnica

Las modernas técnicas de radioterapia utilizan un sistema acelerador de partículas (fotones) de alta energía. Al ser disparadas sobre un tejido, el impacto produce una ionización de las moléculas, y esos iones atacan al ADN de las células, impidiendo su proliferación y su avance. Este sería el mecanismo por el cual la radioterapia puede inhibir o destruir un tumor: la radiación genera un efecto químico, y este, a su vez una consecuencia biológica.

Pero los aceleradores distribuyen la radiación de manera uniforme, sin distinción entre tejidos sanos y enfermos. La radioterapia tridimensional (3D) surgió a fines de los ‘70 frente al problema de tener que controlar la radiación que impacta sobre los tejidos aledaños: mediante software, se realiza un modelo del tumor y los órganos críticos del paciente, y se analiza el modo en que se desea que impacte la radiación en el, para construir un molde tridimensional que permitirá delimitar mejor la zona a tratar.

La técnica de IMRT suma a eso la posibilidad de regular la intensidad del haz en cada punto, mediante un complejo sistema de filtros, construídos también a medida del paciente.

El tratamiento estándar con IMRT demanda sesiones de 15 a 20 minutos diarios, durante un período entre 6 y 8 semanas, dependiendo del paciente y del tumor a tratar.

El especialista estadounidense consideró que “dentro de las radioterapias, la IMRT es la herramienta más sofisticada”, y aclaró que la técnica se utiliza para tratar muchos tipos de cáncer, habiéndose manifestado con buenos resultados en tumores pulmonares, de mamas, de páncreas, y especialmente en los cánceres de cabeza y cuello y tumores cerebrales, afecciones para las cuales “la radioterapia es la única herramienta de tratamiento disponible”.