¿Novela o realidad?

Era un lunes temprano en la mañana. Por los pasillos las gentes se movían entrando y saliendo a las salas de audiencias.

-Es una estúpida, pues ella lo que debió hacer fue buscar un delincuente y pagarle para que dañara la niña y, luego, acusarlo. Así habría pruebas suficientes.

Al escuchar a su propio abogado, el señor José Armando se estremeció. Ese día le vería la cara a un juez por la acusación de haber supuestamente violado a una menor.

-Ella no tiene mucha prueba para sostener lo que dice. Y más que en este pueblo ya se ha convertido en costumbre acusar por eso. Aquí las mujeres desde que ven a un hombre con algo eso es lo primero que se inventan. Es una vía fácil de conseguir dinero o de hacerle daño a alguien.

Faltaba poco para que el juicio iniciara. Era cada vez mayor el número de personas que ingresaban a las salas de audiencia. Los abogados, vestidos de negros y con sus togas y birretes, esperaban impacientes.

Daban las últimas instrucciones a sus clientes.
-Lo peor de todo es que después que una mujer te acusa, ya nadie te libra de eso. Los fiscales se hacen dueños del caso hasta las últimas consecuencias. Siempre están a favor del acusador.

“Se pueden contar con los dedos de las manos las personas a las que un juez haya declarado como inocentes tras ser sometidas por violación, abuso o daño a una mujer o menor.

“En este país la ley es dura con eso. Yo estoy de acuerdo en que sí es verdad, pues que haya condena. El problema es que las investigaciones son flojas y esto ya se ha convertido en una rutina en los tribunales. Nadie está escapo”.