Nubes no propicias en Taiwán

Cuando visité por primera y última vez la República de China en Taiwán en 1995, Tsai Ing wen, que el 16 de este mes ganó las elecciones para la presidencia de su país, la primera mujer que lo logra en el complicado tinglado chino, tenía 36 años, hoy 56, no se conocía en el mundillo político taiwanés.
Su triunfo electoral, donde se alzó con un 56.2% de los conteos, percibe nubes no propicias para las relaciones Taipei-Pekín, debido a que su Partido Demócrata Progresista (PDP), enarbola como uno de sus temas básicos de campaña, mantener la independencia de la isla, una confrontación envarada con Pekín y el presidente de China, Xi yin-ping, que las tiene todas consigo en ampliar el hegemonismo de su país no solo como la segunda economía planetaria, sino expandir el dominio territorial en el Mar Amarillo construyendo islas de islotes apenas sobresalientes del agua.
Disponiendo de 67 legisladores de 113 que integra el Yuan Legislativo, Tsai tiene la facultad de manejar el espectro político completo de Taiwán, por encima del Kuomintang, que por primera vez pierde de manera vergonzosa unos comicios desde que el generalísimo Ching Kai-shek fundara la RCHT en 1949 cuando abandonó el territorio expulsado por las huestes del Gran Timonel Mao Tse tung.
Al aún presidente Ma Yin yeu, que propició el reencuentro fusionador de la RCHT con los “hermanos continentales”, le faltó coraje para concretizar la unidad con los “hermanos continentales”, que definen los pujos separatistas de la RCHT como una provocación que debe concluir, por un acuerdo mutuo, o por presión convencional del imperio en un momento propicio que favorezca los intereses Pekín-Washington, como aconteció en 1971 con la “democracia del ping pong”, presagiando nubes no propicias en el firmamento del Estrecho.