Nuestra democracia frente a las desigualdades

De manera paradójica y lamentablemente preocupante, en la medida en que nuestro país se ha ido desarrollando en la democracia, o sea en el funcionamiento aunque con muchísimas fallas del sistema basado en las libertades y en el funcionamiento de organismos e instituciones más o menos independientes, igualmente han ido aumentando la concentración de riquezas y las desigualdades sociales.

Nuestra democracia como hemos venido señalando, ha solidificado más que otra cosa a los grupos de poder. Ha aumentado las oportunidades para pequeños grupos que se forjan o se desarrollan alrededor de los que ya de por si tienen y controlan el poder, y de otros que con sustentación política, de una forma u otra han entrado en el redil del grupo, aunque con otros nombres, pero que al fin y al cabo son los mismos.

Por eso no ha de extrañar a nadie con dos dedos de frente, lo publicado el martes por el periódico Hoy sobre el trabajo de Latinobarómetro 2008, ya que no es otra cosa que un reflejo de la realidad, porque han crecido los organismos del Estado, se han ensanchado las coberturas de información, han surgido organizaciones civiles, existen y funcionan los partidos, los ayuntamientos y el Congreso, pero los poderes como tal continúan al servicio de un grupo. Bajo la hegemonía de una cúpula insaciable. Una cúpula, que con el poder y el dinero ha logrado engatusar a muchos sectores.

Ha logrado adocenar a casi todos cuando puedan tener algún poder de penetración o influencias en los distintos segmentos de la población, incluyendo los políticos, religiosos, comunicadores, sindicales y organizaciones sin fines de lucro, porque ellos son sus mayores colaboradores y sustentadores. De esa forma se ha ido forjando nuestra democracia: coja, desigual, atropellada y maquillada. Con un crecimiento en cifras, pero que no se siente en el seno de las familias. Con un desarrollo, pero de los mismos que promueven y dirigen. Con una sola campaña sonando, la que ellos mismos tocan. Con los mismos acólitos que ellos mismos aúpan.

Y así no puede haber igualdad, cuando la distribución de las riquezas no se realiza en la misma medida en que crecen las oportunidades de los grupos de poder y crece la población. Por eso somos de los países donde mayor concentración de riquezas hay, donde menos se ha podido disminuir esa gran brecha entre ricos y pobres.

Somos una democracia adulterada, de cuello blanco y con ribetes elitistas. Donde los conflictos son exclusivamente contra el estado, que ha pasado a ser el único culpable y responsable de todo, porque los que manejan el poder desde la cúpula, que al mismo tiempo son los grandes beneficiarios, han logrado que todos pasen a ser sus servidores, con sutileza y hasta con cierta discreción, pero bajo su orientación y además, libres de pecado.

Crece nuestra democracia, pero crecen las desigualdades. Crecen las fortunas, pero crecen los pobres. ¿Preocupante verdad?