Nuestras esperanzas

Nuestra esperanza de desarrollar económica y socialmente al país está fundada en que la institucionalidad es un estado de necesidad y la madre del desarrollo, lo que la hace depender de la calidad, capacidad, sensibilidad y dedicación al trabajo de los hombres a cargo de los deberes del gobierno, reflejándose así una dependencia de nuestros recursos humanos.

Hemos atravesado muchas vicisitudes por culpa de ignorantes, malcriados, agresivos y torpe incumbentes de la responsabilidad pública y privada, y finalmente después de muchos avatares siempre tenemos la luz de frente para iluminar los caminos del éxito que nos corresponden. Somos un país competitivo, integrado por gente buena, con gran vocación para el trabajo, con hambre de aprender lo que no sabemos, y por tanto estamos en capacidad de explotar nuestros recursos adecuadamente, encaminando nuestra patria hacia el progreso material, espiritual y la superación de la pobreza. Somos un país tan especial que un gran historiador, intelectual y político dominicano, fundamentó su tesis de ingreso a la academia de la historia, describiendo una serie de hechos providenciales, que hacían que él superara hasta las adversidades de la naturaleza cuando sus hombres le podía afectar la abulia, la impotencia, la negligencia o la ignorancia.

Tenemos áreas diversas del estado que jamás cumplen con sus deberes, por ejemplo cuando se le ha explicado al país y al mundo que una inversión extranjera buenamente administrada, jamás se ha perdido. Cuando hemos diseñado un programa industrial o comercial, que con propósitos de continuidad revele en qué áreas tenemos fortalezas para hacer énfasis en la producción ó de qué manera debemos mejorar esas fortalezas. Cuando hemos levantado un censo sobre la pequeña, mediana y gran empresa nuestra, sus recursos, su posición en la economía y qué nicho de mercado puede tener potencialmente en el exterior.

Cuando hemos planeado un plan micro industrial para proporcionarles a la economía informal, una salida hacia el progreso y la organización, llevándole la posibilidad de mejores mercados, capital adecuado para su fortalecimiento y organización, para incorporarlos a la sociedad de producción, de manera definitiva y no como hasta ahora, dejarle a la iniciativa del hambre y a su suerte al empresario de la economía informal.

La Secretaría de Industria y Comercio ofrece una plataforma magnífica para relanzar al país, por senderos trascendentales, que implique nuestro crecimiento en aspectos nuevos o tradicionales. La razón por la cual no lo ha hecho, es falta de decisión, nunca insensibilidad o ignorancia.

En todo el mundo existen proyectos terminados, en vías de ejecución, planificados o en vías de planificación, sobre cada una de las debilidades que afrontamos en el momento, únicamente tenemos que abrir el internet o consultar a cualquier país u organismo multilateral como la ONU, Banco Mundial, BID, la Unión Europea, Estados Unidos de Norteamérica, Chile, etc., y encontraremos las medicinas adecuadas para nuestros males económicos de hoy, al localizar los recursos técnicos y económicos, para nuestros proyectos inmediatos y de futuro, con la seguridad, que nada más mencionar parte de esos programas con la posibilidad de realizarlos, tendremos el despertar de la confianza perdida, que es el hilo intangible que comunica al inversionista con la seguridad de que su tiempo ni su dinero se va a perder. Recordemos siempre que los valores económicos tienen una percepción y una visión extraordinaria, son los primeros que llegan cuando hay confianza y los primeros que abandonan cuando se acerca el peligro.

Cuando la industria y el comercio han caído en recesión por razones de mercado o de complicaciones internacionales, medidas correctivas e incentivadoras han surgido en todas partes encausándonos nuevamente, porque nunca persisten de forma permanente los males de ninguna índole sean naturales o provocados por el hombre, sino busquemos la historia y apreciaremos que el mundo y nuestro país no es una excepción, lo supera todo, es como si fueran etapas cíclicas. No perdamos la esperanza ni la fe en el porvenir, contamos con nuestros recursos humanos y materiales y la calidad extraordinaria del pueblo dominicano.