Nuestro amigo John

Algunas despedidas traen consigo el antídoto contra la nostalgia que suele acompañarlas. Ocurre así cuando el amigo que se marcha deja en el recuerdo el grato efecto de la amistad y el aprecio.

John Feng vino a este país en el 2003 desde Taiwán, al otro lado del mundo, para una misión diplomática que él ha concluido de manera exitosa. Ahora se despide de nosotros.

Como embajador durante tres años, Feng ha sabido estrechar aún más las excelentes relaciones entre la República Dominicana y Taiwán. Como hombre sencillo, que ha logrado aligerar el rigor de la diplomacia, ha hecho en este país muchos amigos, en quienes ha sembrado profundo afecto al compenetrarse con nuestro lenguaje, con nuestras tradiciones y costumbres.

En realidad, Feng conocía de los dominicanos desde treinta años antes de venir a servir como embajador. En 1973, estando en los Estados Unidos, presentó una tesis de maestría titulada “La revolución dominicana de 1965”, que fue el resultado de sus investigaciones sobre la guerra que estalló aquí el 24 de abril del ´65.

La tradicionalmente generosa cooperación de Taiwán hacia la República Dominicana ha mejorado de manera significativa durante el ejercicio de este embajador.

Por eso es difícil que haya lugar a la nostalgia cuando se sabe que se nos va un amigo que en realidad se queda entre nosotros a través de todo lo grato que ha dejado, y que apreciamos sinceramente.

Horror
Ninguna causa puede justificar la matanza de civiles indefensos por parte de un aparato militar. Los ataques de fuerzas israelíes contra objetivos en el Líbano han dejado un balance horroroso, que la humanidad y los organismos internacionales competentes deben condenar de manera resuelta.

No importa de qué lado esté la razón, lo cierto es que la represalia israelí ha desbordado los límites en cuanto a efectos colaterales y “riesgos calculados” de todo ataque militar respecto de objetivos civiles.

Del lado israelí también ha habido bajas que lamentar debido a los ataques desencadenados por Hizbolá. En las circunstancias actuales, países con gran poderío militar están colaborando con las partes beligerantes, suministrando armamentos cada vez más mortíferos. Líbano, sin hacha que afilar en el conflicto y que estaba en proceso de recuperación, está sufriendo los efectos de la matanza y la destrucción.

El riesgo de generalización del conflicto es mayor cada vez, con previsibles consecuencias para la economía mundial por asuntos de geopolítica petrolera.

Lo peor del caso es que esta práctica del exterminio no parece escandalizar lo suficiente a los organismos internacionales. Eso causa horror.