Nueva masculinidad de los políticos

José Miguel Gómez

Las transformaciones socio culturales han sido lentas. La distribución de la riqueza con equidad no ha sido justa. La pobreza, la desigualdad, la exclusión y la negación de derecho tienen rostro de mujer. Desde el patriarcado, el autoritarismo y el paternalismo han instrumentalizado la construcción de una masculinidad hegemónica y de una autorrealización hacia el yo personal masculino, no hacia la construcción del otro como figura social, negándole a la mujer el derecho y posicionándola hacia un modelo autorreferencial como ser inferior.
En la política hay discriminación, prejuicios, estigmatización y un sistema de creencia alimentado y reforzado sobre el poder, dominación y control de los hombres. La dinámica de socialización a través de la identidad, del género, de los roles y estereotipos, también fortalecen esa inequidad y desigualdad entre hombres y mujeres.
Las mujeres son el 52% de la masa electoral, predominan en las escuelas, las maestrías, las especialidades, la banca, los medios de comunicación; además, administran sus casas, se ocupan de la crianza de los hijos, influyen en el desarrollo psicoemocional y afectivo de sus familias. Aun con toda esta participación activa; y de espacios construidos por décadas, la autorrefencialidad sigue imponiendo la masculinidad hegemónica; influyendo en el sistema de creencia de muchas mujeres que aceptan la discriminación, empoderan, reconocen y legitiman a los hombres como seres superiores de dominación institucional.
La política ha sido un espacio de limitación, de freno y postergación para las aspiraciones de la mujer. Un ejemplo fue la Dra. Milagros Ortiz Bosch, una brillante e inteligente mujer, honesta, comprometida y empoderada en las problemáticas sociales, la democracia y el orden institucional. Pudo ser la vice-presidenta del Dr. Peña Gómez cuando Balaguer y los conservadores radicales se oponían a que Fernando Alvarez Bogart fuera el vice presidente de Peña Gómez. El presidente Balaguer por enemistad con Bogart, sabía que Peña padecía de un cáncer donde su enemigo podía terminar como presidente; la gratitud vertical, llevó a Peña Gómez, pese a las advertencias y a las trampas electorales a perder la presidencia. Pero años más tarde, se imponía el presidente Hipólito Mejía a una reelección que no daban los números y contaba con doña Milagros Ortiz como vicepresidenta, pero el PRD se negó a darle el apoyo y perdieron las elecciones.
Esa masculinidad hegemónica, absolutista, prefieren arreglarse e imponer y, hasta perder, antes que apoyar, reconocer y ceder el espacio a las mujeres.
En el siglo XXI se debe imponer en la política una nueva masculinidad, de creencias potencializadoras, visión y estructura horizontal, sin prejuicios, reconocedora de derechos, de equidades e integración basada en capacidades, trabajo, inteligencia, compromiso, valores, virtudes, honestidad, y vocación de servicios. La nueva masculinidad impone el “miedo a dejar de ser”, el “temor y la angustia por no tener el control y el dominio”, en fin, un hombre de una nueva identidad, afectivo, emocional, dócil, tolerante, que el músculo esté en la mente, y la fuerza en la dignidad y los valores.
Es desde allí, desde la política, las escuelas, las universidades, las familias, las iglesias, los medios de comunicación, y desde las empresas que se debe construir esa nueva masculinidad que no niegue en el subconsciente a la madre o la hija, para proyectarlo en el reduccionismo de una mujer para la belleza, la casa, el sexo, la seducción, o el cuidado de la familia y de los hombres.
Ahora le toca al PLD, cuentan en estas circunstancias con la mejor candidata, una mujer: la Dra. Margarita Cedeño, con buenos números electorales, baja tasa de rechazo, experiencia de estado, inteligente, comedida, reflexiva y equitativa; el olfato y el tacto político predice que el esquema electoral será difícil, el odio y la maledicencia caminan más que la racionalidad. Aportar a cerrar pasos, a imponer candidatos, a violentar procesos, a crear circunstancias, no son las salidas inteligentes ni adaptativas. La geopolítica va por otro lado, las economías y los daños colaterales de la región predicen que se pueden abortar procesos.
El PLD no debe limitar y excluir a la Dra. Margarita Cedeño. La tensión y confrontación de la campaña va por mal camino; hay que buscar consenso, no apostar al menor mal, que puede terminar en las peores circunstancias.
En estos momentos no hay árbitros, líderes con espacios creíbles que impongan al consenso hacia un proyecto de nación; son momentos de inteligencia emocional, social y espiritual, lo demás, es puro pragmatismo social y eso es peligroso, hagan memoria.