Nueva polémica en torno a la playa privada del rey saudí en la Costa Azul

El rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdelaziz, fuente externa
El rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdelaziz, fuente externa

París. La playa de la Costa Azul francesa que las autoridades galas han cerrado para disfrute del rey Salmán Arabia Saudí sigue generando polémica, después de que varios medios de comunicación publicaran que este había pedido “oficiosamente” que se retirase a una mujer del dispositivo de seguridad.

La información, adelantada por la revista “Marianne”, ha sido rápidamente desmentida por la delegación departamental del Gobierno francés, que ha señalado en un comunicado que “Arabia Saudí no ha pedido nunca la adaptación del dispositivo según esos criterios”.

“Personal femenino trabaja en el dispositivo desde el inicio de la visita del rey sin que esto haya ocasionado el mínimo problema”, agregan los responsables franceses ante el penúltimo contratiempo surgido en torno a la pequeña cala de la Mirandole, situada a 5 kilómetros del centro de Cannes y “privatizada” desde el pasado 25 de julio.

El último incidente se ha registrado esta misma noche, cuando un vehículo atropelló -accidentalmente y a baja velocidad- a un agente de policía que custodiaba la entrada a la mansión, ubicada justo encima de una playa cuya privatización irrita a muchos vecinos del municipio de Vallauris, pero que agrada a la mayoría de los comerciantes de la zona.

“Evidentemente, es una buena noticia porque se trata de una clientela de gran poder adquisitivo que salpica no solo al sector hotelero de lujo, sino también al conjunto de los comerciantes y de los servicios turísticos de la zona”, declaró a “Le Monde” el presidente del Sindicato de Hoteles de Cannes, Michel Chevillon.

El trato de favor al monarca saudí, de 79 años, que ha llevado a las autoridades francesas a esquivar la ley de costas de 1986 que prohíbe privatizar playas, desagrada también a cargos electos, como el consejero de la oposición municipal Jean-Noël Falcou.

“Este asunto es grave, una nueva etapa que suena a símbolo del abandono de algunos de nuestros valores democráticos más queridos”, sostiene Falcou en una petición que ha reunido ya más de 145.000 firmas.

El ayuntamiento de Vallauris, de la alcaldesa centrista Michelle Salucki, fue el primero en indignarse cuando se supo que se intentaba vallar la playa sin permiso y que se iniciaban obras para instalar un ascensor para llevar a los invitados del rey directamente de la mansión a la orilla.

Sin embargo, los poderes públicos terminaron accediendo a los anhelos saudíes, a condición de que se retire el ascensor cuando la delegación real abandone la villa en torno al 20 de agosto.

“La alcaldesa ha hecho lo que estaba en su mano” pero al final “es el Estado el que manda”, dijo a Efe resignada una responsable del gabinete de la alcaldesa, que se esforzó por quitar hierro a la controversia en torno a una playa de apenas 200 metros a la que tampoco puede acercarse nadie por mar, ya que se prohíbe navegar a menos de 300 metros del litoral.

Los poderes estatales ven con buenos ojos las vacaciones del cortejo saudí de cerca de un millar de personas que aterrizaron en Niza el pasado 25 de julio a bordo de dos Boeing 747.

“Por una playa de las menos bonitas del departamento de Alpes Marítimos se pone en peligro la visita de un jefe de Estado (…) con una delegación que va a consumir mucho y que ha reservado 400 habitaciones” en los lujosos hoteles de Cannes y su entorno, declaró el número dos de la delegación local del Gobierno francés, Philippe Castenet.

El funcionario agregó en el diario “Nice Matin” que Arabia Saudí ha donado “mil millones de euros para armar al Ejército libanés con armas francesas” y subrayó que “los ingresos no recaen solo sobre Chanel o Dior”.

“Los saudíes tienen un poder adquisitivo muy fuerte y no miran lo que gastan. Encargan entre 10.000 y 15.000 flores cada día. Alquilan cientos de limusinas que dan trabajo a otros tantos chóferes…”, aseguró Castenet.

Conocida como “Château Aurore” o “Château de l’Horizon”, el palacete modernista fue construido en 1932 por orden de la actriz Maxine Elliott, que recibía a personalidades como los duques de Windsonr o Winston Churchill.

En 1948 lo compró el príncipe Aga Khan, jefe espiritual de los ismaelitas, que celebró allí su fastuosa boda con la actriz de Hollywood Rita Hayworth, y en 1979 fue adquirido por el difundo rey Fahd bin Abdelaziz, aunque la familia real saudí no lo ha utilizado en los últimos 15 años.