Obras maestras que inspiraron  belenes

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Tanto en la Edad Media como en el Renacimiento, sus artistas se inspiraron en el Nacimiento de Jesús, y a partir de ese momento mostraron en sus telas cómo ellos interpretaban y visualizaban el entorno espiritual, social e histórico de su tiempo en el momento en que Jesús llega a la vida en el establo de Belén.

El sujeto pertenece al conocimiento y a la investigación de la historia del arte, pues más allá y una vez asumido el tema sacro, tanto en las telas de Zurbarán como en las de Velázquez, las de El Greco, Morillo, Correa del Vivar, en las que observamos elementos gráficos y visuales en los que podemos interpretar estética y formalmente el estilo y la escuela de cada maestro. Y, en el conjunto de los ejemplos tenemos un documento de excelencia para el conocimiento antropológico de los tiempos.

En la obra  de   Murillo, de factura naturalista  y tenebrista, influenciada por la obra de  Velazquez, San José está en penumbra  y el niño muestra una faz intensamente iluminada, en comunión con la luz divina.

Más allá de la intención sacra nos legó una obra en la que la realidad del contexto social se impone en un realismo minucioso que, relevamos en los pies sucios del pastor arrodillado y en el gesto de la escena rural de la pastora entregándoles a José y a María, una gallina y un cordero. Detalle este muy emotivo que significa desde la Edad Media la tradición campesina de la Navidad: ofrecer los productos de la tierra al vecino más necesitado, al amigo más cercano, y a las familias olvidadas en la miseria.

Velázquez, en su obra titulada “La adoración al Niño”, juntó a su propia familia para convertirlos en sus modelos del pesebre que genialmente plasmó en este cuadro. Su esposa, la convirtió en María a su hija Francisca en el niño Jesús, su suegro en Baltazar y el criado de la casa en San José.

Se siente que estamos frente a una obra de taller donde el Nacimiento de Jesús es el pretexto de hacer un retrato familiar de contexto religioso.

En la obra “La adoración de los Magos” Zurbarán representa a la Epifanía, y lo que se desprende es el momento en que el Niño Dios es mostrado al mundo.

Ya se siente en esta obra algunos detalles barrocos y preciosistas en los imponentes y lujosos personajes de los Reyes Magos.

Gaspar es el más joven con su barba negra, Baltazar, lo muestra en el esplendor de su madurez, y Melchor, aparece como un anciano devoto de barbas blancas y largas, de

El maestro flamenco Van Orley, autor de la obra “La Virgen y San José”, gran artista de cámara y favorito del Emperador Carlos V,  compone una tela con doble profundidad, en el primer ángulo de la izquierda aparece una ventana a través de la cual se percibe un paisaje indefinido; en los tres tercios del espacio pictórico aparece La Virgen María con un traje largo de terciopelo negro, en el que enseña la totalidad de sus senos desnudos, frente a un Niño robusto y obeso que ya camina hacia el seno nodrizo.

 Esta obra contiene una visión muy terrenal de la maternidad y el apetito jovial del niño reseña del espíritu campechano de los flamencos. Aquí, no se vislumbran luces de espiritualidad, sino que el realismo –casi social- se impone, y ese Niño de buenas carnes parece que vino al Mundo para disfrutarlo y no para ser un mártir Salvador…

Vale la pena profundizar el mensaje visual de esta tela, ya que tenemos en el Niño la fuerza de la vida, de la salud y de la esperanza.

En el Museo del Prado de Madrid, la obra “La Adoración de los Pastores” del Greco, cuadro que fue pintado para la cripta de la iglesia de Santo Domingo, el antiguo Toledo, que fue hecho por este maestro para ser colgado sobre su propia tumba en dicha iglesia, bajo un esquema en espiral, creando un movimiento de ascensión entre el cielo y la tierra; de colores brillantes y disonantes, y de formas y poses extrañas, logrando crear una sensación de maravilla y éxtasis, al celebrar los pastores y los ángeles el milagro del niño recién nacido.

El Niño Jesús aparece envuelto en brillantez y blancura, lo que es un recurso tomado de los íconos, y parece emitir una luz que juega en los rostros de los pastores descalzos que se han reunido para rendir homenaje al nacimiento milagroso.

Una energía rítmica anima la pintura, expresada en los movimientos de las figuras, como si bailasen. Fuertes contrastes entre la luz y las zonas oscuras realzan el sentido del drama. El grupo de ángeles que sobrevuelan la escena puede que se parezcan a la parte que falta de la Visión del Apocalipsis o la Apertura del séptimo sello.

Como un aporte misterioso de esta magnifica obra, en el año 1618, el ayudante de El Greco, Luis Tristán, dijo que su maestro estaba trabajando en La adoración de los pastores hasta su muerte. La pintura fue más tarde transferida al altar mayor del monasterio de Santo Domingo. Fue adquirida por el Museo del Prado en el año 1954.

En síntesis

El Nacimiento del Niño Jesús

Ha marcado la cultura occidental desde la Edad Media. Todos los pueblos de España, Italia y el Sur de Francia, desarrollan una trayectoria de representación de San José, la Virgen María y el Niño Jesús, a través de los Belenes y de los Nacimientos que se exponen durante el mes de diciembre hasta mediado de enero en las iglesias, hogares, escuelas y algunas entidades culturales y hasta comerciales, que celebran el periodo de Adviento y de la Navidad. Es el momento del año excepcional para acercarse al Mayor Acontecimiento de la Cristiandad: el Nacimiento del Niño Salvador.

Toda la sabidurías popular, el “savoir-faire” de los artesanos ponen en práctica sus habilidades para acercarnos más al Hijo de Dios, lo que es una tradición renacentista, ya que la Natividad ha sido un género pictórico, escultórico y artesanal donde se han expresado los grandes Maestros del arte y la cultura cristiana.