Obreros dominicanos que Puerto Rico necesita

Obreros dominicanos que Puerto Rico necesita

Muchos brazos aspirando a los verdes billetes US$

Con frecuencia al otro lado del canal se carece de prisa por trabajar, y si se necesita bajar el lomo, se viaja a EUA para lograr mejores remuneraciones, pensiones y asistencia social

A la aspiración de emigrar que embarga a muchos dominicanos, legal o ilegalmente, incluso cruzando aguas procelosas hacia otros horizontes para dar un primer paso en Puerto Rico, no solo se oponen los oleajes que hacen naufragar frágiles embarcaciones y los frecuentes y tenaces patrullajes costeros binacionales entre una isla y otra cuyas tareas incluyen, además, frenar criminales tráficos de viajeros y narcóticos en gran cantidad.

También existe, a causa de la pandemia del virus SARS-CoV-2, una barrera consular que por razones de protección sanitaria ha cerrado en Santo Domingo la mayoría de las ventanillas de expedición de visas de cualquier categoría para entrar a territorio norteamericano, incluyendo el visado especial que haría posible ingresos temporales para llenar miles de puestos de trabajo surgidos en el vecino país a partir de la administración demócrata que desde el pasado enero desbloqueó el considerable flujo de recursos puestos bajo candado por el entonces presidente Donald Trump con historial de desprecio y maltratos a las minorías de color y de origen hispano.


Para finales del segundo semestre de este año, permanecían, prácticamente inmovilizados, 63 mil millones de dólares a disposición del Estado Libre Asociado a ser destinados a la reconstrucción de edificaciones públicas incluyendo carreteras, puentes, acueductos, plantas y redes de energía y un número de viviendas puestas en pie con techos provisionales e inseguros, tras el paso devastador de huracanes como María en el 2017, que no solo dejó destruidas o en pésimas condiciones muchas estructuras públicas y privadas: también causó un éxodo mayor de puertorriqueños hacia los estados de la Unión que dejó a la isla sin gran parte de sus propios recursos laborales.

En el transcurso de los dos años posteriores a las desgracias meteorológicas, entre 49 mil a 113 mil personas activas productivamente pero llevadas a la desocupación, emigraron desde Puerto Rico hacia Norteamérica con una magnitud promedio similar en 2019 y 2020, proporciones significativas para una población neta de solo 3.193,694 habitantes a julio de este año, con un elevado porcentaje de adultos mayores y retirados. Millares de boricuas que se pasan la vida trabajando en la metrópoli para luego volver al lar nativo como jubilados.

Opción PARA LOS DOMINICANOS.
La idea de que República Dominicana, de notable desempleo, sirva de cantera de trabajadores para sacar a Puerto Rico de su postración, disminuido de inversiones y de movimientos de negocios por la destrucción dejada por dos huracanes, proviene del propio gobierno insular que se hace representar ante el Congreso Federal en Washington por Jenniffer González Colón, bajo subordinación de soberanía.

Como comisionada federal ha gestionado que la presidencia de Joe Biden conceda la expedición de visas de estadas temporales a ciudadanos dominicanos para formar brigadas que harían trabajos de rehabilitación de sedes de servicios públicos diversos, sistemas viales primarios y secundarios, restaurar viviendas consolidándolas para que vuelvan a ser habitables y seguras, etcétera.

Está de por medio, como impedimento a vencer, no solo la drástica reducción de trámites consulares que constriñe incluso concesiones para visitas a territorio estadounidense como turista desde muchas partes del mundo. Además, República Dominicana está en la lista de países que no tienen acceso a las visas temporales o H-2B y los esfuerzos de la gobernación boricua están dirigidos a que el Departamento de Estado cambie el estatus excluyente para el que correspondería, pues con anterioridad a las secuelas de los huracanes María e Irma, la presencia de mano de obra dominicana ya era notable en el sector de la construcción, donde se ha hecho imprescindible.

La comunidad de quisqueyanos, difícil de medir por incluir a muchas personas sin permiso de residencia, rondaría las 300 mil personas. Hay quienes piensan que, subterráneamente, serían mucho más pues ha pasado a ser imposible saltar sobre el océano desde el Caribe en dirección al gran norte si se carece de documentos. Terminan Adoptando a Borinquen como su segunda patria.

Donald Trump tenía cerrado el grifo de los billones de dólares necesarios para lograr que Puerto Rico vuelva a la abundancia de subsidios que salvan la campana. Eso cambió

Los nexos sociales, económicos, culturales e históricos, que cruzan el canal de la Mona en ambas direcciones, mantienen al lado dominicano de las Antillas Mayores como la procedencia ideal para la inmigración amigable, exenta de fricciones por diferencias étnicas e idiomáticas, que allí se necesita para la normalización de actividades y para revertir el proceso que ha tendido a disminuir su demografía, susceptible de retroceder aun más porque los puertorriqueños son los únicos latinoamericanos que por estatus ciudadano tienen permanentemente abiertas las puertas de Estados Unidos por los que se mueven como peces en su agua.

Identificación con el vecino
La comunidad dominicana está consolidada como el primer grupo de extranjeros en Puerto Rico aunque los censos de ordinario no han sido confiables para cuantificarla. El catedrático y antropólogo puertorriqueño Jorge Duany sostiene que los dominicanos han creado allá una identidad trasnacional a medida que mantienen fuertes lazos sociales, culturales, económicos y políticos con su país de origen.

En uno de sus textos sobre migraciones sostuvo que el caso de los domínico-puertorriqueños resulta un ejemplo de cómo los migrantes contemporáneos pueden reconstruir sus identidades culturales basándose en la etnicidad, la raza y la nacionalidad a través de fronteras geopolíticas. Coincidiendo con otros estudiosos, Duany describe a la comunidad dominicana en Puerto Rico como la segunda en importancia que han constituido sus emigrantes en el exterior.
En ello influye el que la isla es un territorio de Estados Unidos con un nivel de vida superior al de República Dominicana, encuadrando a ambos países en una misma geografía una historia y una cultura semejantes

EXPLICACIONES AL RESPECTO

Willian Swaney, cónsul general norteamericano en Santo Domingo, explicó a este diario semanas atrás que la demora consular, que afecta a aspirantes a visados para todos los fines posibles parte de: «Nuestra preocupación primordial es la salud y la seguridad, tanto de nuestros visitantes (a la sede diplomática) como de nuestro personal y

los empleados locales».
Antes de la aparición de la enfermedad Covid-19, la sección consular recibía hasta dos mil personas al día. Ahora menos de 500, puesto que las atenciones están restringidas a ciudadanos y residentes regulados en Estados Unidos. Mantiene abierto un canal de acceso para la expedición de visas

de no inmigrantes que puedan justificarse como de emergencia o de propósitos humanitarios cuyos solicitantes deben demostrar solvencia. Negó que en lo específico su país haya endurecido los requisitos para ingresar a él. «Todo es que los plazos de otorgamiento se han prolongado como secuela de la covid-19».

Los vacíos a llenar

En el congreso de los puertorriqueños preocupa que el abandono de la isla por millares de ellos hacia la Florida y otros estados norteamericanos haya provocado una escasez de empleados de la construcción, la agricultura, servicios de telecomunicaciones, industria del entretenimiento y hasta en áreas profesionales.
El panorama salarial en la cercana isla es atractivo, comparado con los ingresos predominantes en República Dominicana, pero apenas llega a la mitad de la remuneración promedio que reciben los trabajadores en el territorio continental. Un ingreso básico de US$7.25 por hora ha regido desde el año 2009, pero la Cámara Alta isleña ratificó un incremento gradual hasta el 2024, previamente aprobado por la Cámara de Representantes. El primero de los aumentos automáticos regirá desde enero próximo, y sucesivamente hasta llegar a US$10.25 la hora. Cualquier obrero dominicano preferiría recibir el mismo trato salarial.
Pero además, en el marco de la autonomía que asiste a congresistas puertorriqueños desde el estatus de libre asociado que corresponde al estado caribeño, la nueva ley que emitieron establece que el sueldo básico deberá ser revisado periódicamente y ajustado al aumento en el costo de la vida.

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