Obstáculos al ejercicio político

El cerco con características de campo de batalla sobre la sede del Congreso Nacional ensombrece en alguna forma el clima democrático que los organismos competentes deben garantizar en todo momento, sin rehuir obligaciones con tremendismo de sospechas. Un entorno congestionado de personal policial y militar con fusiles, bombas, macanas y otros instrumentos de contundencia para aplicar la fuerza bruta, expresa drasticidad de intolerancia contra el derecho a la protesta, preocupante por estar dirigida contra manifestaciones de rechazo a una reforma constitucional que estaría precedida de ocultamientos y señales precursoras de que se pretendería lograrla por mayoría mecánica de votos (aplanadora)sin procurar el consenso que verdaderamente debe legitimar cada cambio a la Ley de Leyes.

Se enconan en el proscenio el sector opuesto a la recurrencia de alteraciones coyunturales, unilaterales y jurídicamente inapropiadas de las normas del Estado; y quienes disponiendo de amplitud de recursos públicos combaten ahora las reglas de democracia que trazan límites a los ejercicios de gobierno en prevención de males a la República. A esta contradicción histórica se suma la desbordada y desconcertante lucha interna por supremacías y controles orgánicos con que tiende a restarse autoridad políticamente hablando el partido de poder, mayoritario y de reconocidas obligaciones con los destinos del país.

Escasez que compromete

La sequía suele ser tan pertinaz como el mal hábito de desperdiciar el agua que en ocasiones -y quizás por sentirse contrariada- la naturaleza se niega a prodigar. Se sabe que con el caudal del sistema de Santo Domingo que se pierde en los usos ordinarios del líquido que es base de la vida, se podría abastecer perfectamente a otra población de la misma magnitud demográfica. La cultura del ahorro de un recurso esencial da pocas señales de vigencia en este medio.

Es fácil imaginar lo que representa para millones de usuarios el creciente descenso en la producción de agua potable que la CAASD deja de captar en sus fuentes naturales. Racionarla con un aprovechamiento eficaz que suprima lo superfluo al emplearla mientras dure la emergencia es lo único que cabe hacer ahora con el agua. Responsabilidad y civismo.