Oda a un patriota

En este instante histórico que padecemos los dominicanos donde la corrupción es tema álgido de cotilleo diario y en que sin fibra nacionalista algunos malos dominicanos propician la fusión camuflada de conmiseración a Haití, el deceso repentino del ingeniero Hamlet Alberto Hermann Pérez convoca a quienes sentimos la vibración y el llamado de preservar la integridad nacional, a imitar, más que sentir, la partida de este especímen humano referencial.

Rebelde por muchas causas por convicción pletórica de demostraciones que en gran manera signaron su periplo vital, Hamlet Hermann nunca claudicó su viril propuesta ciudadana en procura de asir el mástil de las aspiraciones de su pueblo, a quien nunca defraudó y defendió, con el fusil, la pluma y el verbo. Fundó AMET y nunca fue consultado…

Su permanente sonrisa en cualquier escenario, no fue el gran misterio como la Gioconda, sino una expresión amable con la que enviaba un mensaje a su interlocutor de respetar su disidencia sin alterar la suya.

Hace apenas a una semana de su repentino deceso, nos encontramos en un supermercado, me extendió los brazos, sonrisa en ristre, y se quejó de no poder escribir donde publicó por muchos años Con las Riendas Tensas, ignorando que en ese instante inolvidable, nos despedíamos, ignorándolo ambos, y Con las Riendas Tensas, sofrené un sollozo.

Incurrió por imperativo irrefrenable, incursionar en la guerrilla liderada por el coronel Francis Caamaño en Caracoles el 03-02-73, se entregó al alcalde de Villa Altagracia, Juan Ortiz, y se salvó porque su tía, la educadora Altagracia Pérez Peña, era muy amiga del presidente Joaquín Balaguer, que con añadir que no había cárcel para otro preso, sería su fin. Escribió 13 libros.

“Ay, América infeliz, que solo recuerdas a tus grandes hombres cuando son tus grandes muertos”…