Ofensas innecesarias

UBI RIVAS
A ratos surge en nuestro acontecer autóctono alguien que por los medios de comunicación incurre innecesariamente en apostrofar a otra persona, y en el caso cuando se alude al Presidente de la República, se desliza por la tangente estigmatizándole por logros que el ciudadano votante ha aspirado, y no ha resultado satisfecho en su justa aspiración colectiva.

Pienso que cuando un gobernante no ha cumplido con un apremio ciudadano lo procedente es señalar la falta, añadiendo la forma y/o medida para rebosar la satisfacción ciudadana, nunca recurrir a los denuestos personales, intentando empequeñecer su personalidad.

De ninguna manera en el discurrir del debate público puede estigmatizar a un gobernante de basura por lo irrealizado en el ejercicio de implementar providencias relevantes para sus paisanos, porque de ser así, entonces todos somos basura porque todos, sin excepción, en muchos aspectos, no hemos logrado metas personales porque las circunstancias y los imponderables simplemente lo han imposibilitado, impedido.

Por eso, decididamente no somos basura. ¿O lo somos?.

La vida, como el accionar político, está repleto de desafíos, retos, y es la mecánica del cotidiano existir que el historiador inglés Arnold Toynbee definía como el accionar permanente reducido a un denominado simple de los retos y las respuestas.

Los gobernantes de los 192 países miembros de las Naciones Unidas vemos a diario en el despacho de las agencias noticiosas internacionales que resultan abrumados por los reclamos de su connacionales que en su inmensa mayoría,no pueden superar porque la teoría de Tomas Malthus concerniente a la demografía, supera la capacidad de respuesta de los gobernantes, y más que superarla, los desborda.

Los que éramos hombres ya al final de la Era de Trujillo, percibíamos y recordamos con gran nostalgia, cómo con magros recursos nuestros padres conjuraban las cargas fijas de sobrevivir, cuando la botella de leche con nata costaba tres centavos, la libra de filete limpio 60 centavos, la libra de arroz tres centavos, la cerveza Presidente a tres pequeñas por un peso, la “chata” de ron 65 centavos y la preciada tanda de cine de las cinco de la tarde 25 centavos.

El galón de gasolina 25 centavos, un chivo grande costaba tres pesos, un cerdo cinco pesos, el concho diez centavos y las guaguas cinco centavos, el pasaje en Línea Duarte Santiago-SD $3.50 y dejaba al pasajero en la puerta de donde iba, el ticket ida y vuelta a San Juan de Puerto Rico en Caribbair $45 que eran US$45 y a NY ida y vuelta $150, que eran US$150.

Cuando el generalísimo Rafael Leonidas Trujillo es abatido en un charco de sangre el 30-05-61 la deuda externa era de US$14.8 millones y, con excepción del tirano, nadie se atrevía a servirse de un centavo sobrepticiamente del erario.

El exilio desde Cuba, Puerto Rico y Venezuela, principalmente, usaba la radio para fustigar y denostar al tirano motejándole con el sobrenombre de Chapita, un error, porque un desliz personal en nada podía relacionarse con las metas que perseguía el exilio y la inmensa mayoría del pueblo dominicano contra el Benefactor de la Patria, el Padre de la Patria Nueva, el Primer Maestro, el Ilustre Mecenas y todos los ditirambos que el generalísimo Trujillo nunca solicitó y le fueron concedidos motu propio, por pura cortesanía.

El país percibe la encrucijada de grandes retos, grandes problemas, que virtualmente aplasta la capacidad de respuesta de cualquier gobernante de los tres partidos políticos que accionan los mecanismos del sistema político que nos rige.

Es un deber de todos, sobremanera los que ejercemos la comunicación, por la experiencia o la creatividad, exponer las soluciones que consideramos a los problemas nacionales que nos conciernen a todos para que el Presidente de la República los pondere, pero nunca por no resolverlos, incurrir en denostarlo.