Ola de violencia estremece país

La espiral de violencia delincuencial y de género que sacude al país, debiera estar entre los primeros puntos de la agenda nacional que se ha concentrado en el tema haitiano y en la politiquería que acapara la atención de los principales funcionarios, dirigentes políticos y medios de comunicación.

A estas alturas, todos los dominicanos, encabezados por nuestras autoridades, debiéramos estar debatiendo en el Congreso, en simposios, clubes barriales, entidades de la sociedad civil, universidades, iglesias y cualquier institución social el grave problema que nos aqueja.

Se necesita llegar a la raíz del problema para combatirlo de manera más eficiente, a sabiendas de que no podrá eliminarse de un todo, pero por lo menos pueden bajarse los niveles de violencia delincuencial con acciones preventivas y la aplicación drástica de la ley.

Existen medidas como el bloqueo de las señales telefónicas en las cárceles del país y la regularización de la activación de los celulares robados, a las que se les dan tantas vueltas para aplicarlas, que uno llega a dudar del interés de las autoridades.

La situación de violencia que vivimos es tan grande que ya nadie se siente seguro ni siquiera en su casa, porque la temeridad de los malhechores los lleva a penetrar a las mismas a cualquier hora del día. Hasta los lugares de esparcimiento están siendo azotados por los delincuentes.

Sabemos que la inequidad social, el consumo masivo de drogas, la alta tasa de desempleo, la existencia de un código criminal garantista y la debilidad de los jueces son elementos que contribuyen con el auge de la violencia, no obstante, algo debemos hacer antes de que sucumba la sociedad.