Opción por la justicia y la paz

Ser tolerante es una noción que define el grado de aceptación frente a un elemento contrario a una regla moral, civil o física; especifica la capacidad de un individuo de aceptar una cosa con la que no está de acuerdo y, por extensión moderna, la actitud de un individuo frente a lo que es diferente de sus valores.

Tolerancia no es hacer concesiones, pero tampoco es indiferencia. Para ser tolerante es necesario conocer al otro, es el respeto recíproco mediante el entendimiento mutuo. Según ciertas teorías el miedo y la ignorancia son las raíces que causan la intolerancia y sus patrones pueden imprimirse en la psique humana desde muy temprana edad.

Sin embargo, se considera generalmente que no hay tolerancia sin agresión, que sólo se puede ser tolerante frente aquello que nos molesta (es decir con lo que no se está de acuerdo) pero que se acepta por respeto al individuo o para la defensa de un ideal de libertad.

No es preciso compartir una opinión para ser capaz de considerarla tan válida como cualquier otra.

Lo que hace falta es tratar de ponerse en el lugar de los demás, compartir las diferencias nos enriquece. Dejar pasar actitudes desconsideradas e injustas es una manera indirecta de no respetar a quien las sufre.

Ser tolerante es también definirse, dar un paso al frente, hacer una opción por la justicia y la paz.

El mundo sueña con la tolerancia desde que es mundo, se trata de una conquista que brilla, a la vez, por su presencia y por su ausencia. Se ha dicho que la tolerancia es fácil de aplaudir, difícil de practicar, y muy difícil de explicar.

El 12 de diciembre de 1996, la Asamblea General invitó a los Estados Miembros de la UNESCO a que el 16 de noviembre de cada año se reconociera el “Día Internacional para la Tolerancia”, con actividades dirigidas tanto a los centros de enseñanza como al público en general.

Esta resolución se aprobó tras la celebración en 1995 del Año de las Naciones Unidas para la Tolerancia. El desarrollo de la tolerancia y la confianza en las diversas comunidades no se logra de la noche a la mañana; es algo que requiere tiempo y esfuerzos. Establecer la tolerancia supone el acceso a la educación. La intolerancia suele tener sus raíces en la ignorancia y el temor a lo desconocido, al “otro”, a otras culturas, religiones y naciones.

La intolerancia está también estrechamente ligada a un sentimiento exacerbado de auto-estima y orgullo, nociones enseñadas y aprendidas a edad temprana.

Por tanto, en los próximos años tenemos que hacer más hincapié en educar a los niños acerca de la tolerancia, los derechos humanos y las libertades fundamentales.