Opinión de Diógenes
Céspedes sobre el lenguaje

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El Lic. Diógenes Céspedes, talentoso lingüista y filósofo amablemente me escribe una carta  dándome su opinión sobre el tema  del lenguaje. Hemos hecho un resumen por considerar que aporta a la discusión y el conocimiento y lo dejo abierto para otras opiniones.

Dilecto amigo: He leído con sumo interés y fruición tu artículo titulado “No, Dr. Paredes, es la palabra”, publicado en la sección Opinión del periódico Hoy del domingo pasado y deseo felicitarte por la altura ética y científica con que abordas el problema de la primacía del lenguaje como facultad humana de simbolización de la realidad, así como por el respeto con que tratas las ideas disidentes de tu fraterno contradictor, colega y compadre, el Dr. Pedro Pablo Paredes, eminente neurocientista al igual que tú, quien postula que no es la palabra, sino la conducta y el comportamiento los que convierten en superior al ser humano respecto a los demás animales que no hablan.

Con esa misma altura ética y científica deberíamos plantearnos la discusión de ese mismo problema los lingüistas, poetas, críticos literarios y escritores, ya que es más de nuestro dominio que, paradójicamente, del de los siquiatras y neurocientistas. Sin embargo, como en nuestro campo específico – la producción de textos literarios – se suele argumentar “ad hominem” que para escribir un cuento, un poema, una pieza teatral o una novela no hay que saber teoría del lenguaje, me ha resultado tremendamente aleccionador el que en una disciplina como la tuya y la del Dr. Paredes esté planteándose este problema crucial del lenguaje, mientras que en nuestro campo se le desprecia y los poetas profesionales se contentan con esgrimir definiciones presaussurianas del lenguaje o simplemente dicen que como todos los seres humanos hablan, para qué estudiar el lenguaje.

Pero la frase de tu discurso que le pone la tapa al pomo y que es la segunda vertiente del desprecio de muchos de los poetas profesionales, críticos y escritores a teorizar el lenguaje es el problema de la prosodia, el cual, tú, sin ser poeta, crítico literario o escritor de obras de ficción, elevas dicha prosodia al primer plano de la literatura y el lenguaje al considerarla específica de estas dos prácticas sociales, cuando dices: “Como el enunciado también tiene un tono emocional, que en el hablar se llamada prosodia. La prosodia es generada en regiones del hemisferio cerebral, pero en el derecho, se corresponderá con áreas similares a ambas.”

Has dado en el clavo, pues la prosodia, tanto en la gramática tradicional como en la poética por la que propugnamos, es un componente de la sintaxis (el orden lógico que los elementos tienen en la oración y en el discurso) y en la poética es un elemento del ritmo (que es la organización del sentido en el discurso). Y desde que se habla de discurso, de oración, frase o enunciado, está implicado el sujeto, al que defines implícitamente cuando hablas de “tono emocional” y por ahí mismo implicaste también el concepto de ritmo, puesto que para ti la prosodia “se genera en regiones del hemisferio cerebral”.

 Y la conducta o comportamiento como acción no son lenguaje, sino que pertenecen a la semiótica, la cual estudia los sistemas de signos y los hechos que no utilizan el lenguaje. Aquí es imprescindible el auxilio de Émile Benveniste y su ensayo esclarecedor, titulado “Semiología de la lengua”, incluido en su libro “Problemas de lingüística general”. O quizá debamos recurrir, en el libro citado, a su otro ensayo iluminador, “Ese lenguaje que hace la historia”, donde el eminente sabio rebate el criterio tradicional que se asentaba en una creencia contraria, a saber, que la historia era la que hacía el lenguaje. Lo cual carece de lógica, pues para que haya historia hecha, deben existir primeramente sujetos.

Saludos afectuosos,

Diógenes Céspedes.