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A PLENO PULMÓN Herencia intelectual -II-

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Herencia intelectual -II-

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El ensayo de Pedro Francisco Bonó menciona el continuo tránsito del comercio hacia “la América Central y Sur con la Europa”, tal como ahora señalan el tráfico ilícito de drogas, que afecta la vida política y económica de todas las Antillas Mayores.

Quiere decir que en nuestros días estamos condicionados por dos tipos de comercio: el de drogas narcóticas y el de mercancías y manufacturas ordinarias. Nos dice que “no es la República Dominicana la sola nación que encuentra esas dificultades”.

No pretende exagerar, ni minimizar. Bonó afirma: “el pueblo dominicano registra en su historia autonómica hechos los más contradictorios. Confundidos se encuentran actos de heroísmo y de sumisión humillante; hechos inauditos, gloriosos; y hechos vergonzosos inexplicables…”.

Sobre este punto cita a Félix María del Monte, quien decía que la RD era “el país de los viceversas”. A los protagonistas de levantamientos y guerras intestinas Bonó les llama: “las facciones de trabuco y sable apostadas en la manigua”.

Acerca de la corrupción explica que es un obstáculo que debemos vencer: “aquel grado de corrupción incorregible que trabaja a toda sociedad llegada a su ocaso, y que en la nuestra se pone tal prisa en alcanzar que, pocos dudan dada su actual velocidad que no le sea dable lograrlo.”

“La corrupción: he aquí nuestro gran mal, mal que nos circunda, nos penetra y nos tiene bien cerca de la muerte, mal que causará la desaparición de nuestra nacionalidad si no procuramos contenerla y corregirla pronto y radicalmente…”.

Asombra que Bonó diga en 1885: “No me corresponde por cierto sondear el abismo desconsolador de nuestra corrupción ni formarle expediente; […] este trabajo lo paga la nación a sus mandatarios a quienes nadie puede sustituir”.

“Nuestros gobiernos se dedican a “dar concesiones de constituir compañías de arrendadores generales de las rentas públicas, de conceder monopolios inauditos, jubilaciones y pensiones gratuitas, y otras muchas regalías ocultas y sin nombre que, con gran contento y desahogo muchos hoy gozan y que con tanta estrechez, desesperación y trabajos, el pueblo paga y ve conceder”.

Bonó vivió convencido de que “la culpa toda entera recae en los directores de la vida nacional… faltos de las dotes que constituyen a los hombres de Estado…”.

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