Guardianes de la verdad Opinión

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Arrojar una piedra sobre un charco de agua estancada puede acarrear consecuencias sorprendentes. Al caer la piedra en la superficie del charco se forman círculos concéntricos, el agua se desplaza en ondas centrífugas, el limo se remueve y hasta puede saltar un sapo, emerger un zaramagullón. Muchos asuntos públicos de la RD “no se tocan jamás”; las aguas, quietas por fuera, ocultan dentro un pandemonio. Escribir sobre delincuencia de menores, malversación de fondos, ineficiencia política, tiene la virtud de encrespar las pasiones.

Es posible sopesar algunas reacciones desencadenadas por las últimas entregas de “A pleno pulmón”. He recibido halagos, elogios entusiásticos; también irritadas criticas, objeciones razonables, “aceptaciones” reticentes, comentarios tangenciales que pasan por encima del tema principal. La edición digital de esta columna permite hacer amplísimos cotejos. A menudo los lectores escriben notas agudas, pertinentes, bien pensadas y correctamente expresadas. Sin embargo, entre el “piropo”, la crítica agria, el comentario enriquecedor, hay un cuarto tipo que es interesante examinar separadamente.

Un lector que califica tal artículo de “quimérico”, expresa a seguidas lo mucho que le gustaría mejoraran algunos problemas sociales de la RD; otro lector, declara, desalentado, que nunca podremos “salir del hoyo”. Inmediatamente describe la ligereza e irresponsabilidad de “la clase política” dominicana, a la que culpa de haber cavado “el hoyo”. Lectores dominicanos residentes en el exterior, quienes no han olvidado a sus familiares, que siguen leyendo los periódicos dominicanos y sufriendo la “falta de energía eléctrica”, son extremadamente sensibles cuando se mencionan los emigrantes. Pueden ser emigrantes dominicanos del campo, que prefieran las ciudades: Santiago o Santo Domingo; o tratarse de emigrantes haitianos que se trasladan a la RD; por último, de ellos mismos, que decidieron dejar nuestro país para buscar “una vida mejor”. Les duele ser emigrantes. Todos perciben que “algo en la organización ciudadana no funciona bien” entre nosotros.

La piedra de la reflexión acerca de nuestra sociedad remueve los entresijos de los dominicanos –ausentes y presentes-, y les obliga a “sacar de adentro las telarañas mentales”; eso, por si solo, es un grandísimo paso hacia adelante; aun sin fe en el porvenir, ni “consenso”. Si rescatáramos la piedra del fondo del charco, los muchos organismos adheridos la harían florecer.

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