Vida
Actitud y espíritu de Juan Marichal
Juan Marichal
La hoja de vida de Don Juan Marichal es admirable, intachable y cargada de esencia. Su origen humilde de la línea fronteriza, su perseverancia y consistencia para lograr propósitos, éxito y trascendencia en una carrera como el deporte habla de su actitud y espíritu.
Le vi en el Clásico Mundial de Béisbol, dando consejos, animando, bailando y estimulando a los deportistas nuestros a sus 88 años. Pero también, daba entrevista, abrazaba, sonreía y saludaba con afecto a cualquier dominicano o latino que se le acercaba.
Don Juan vivió un Béisbol diferente, su inicio fue duro, había racismo, exclusión, distanciamiento entre blancos y negros. Vivió la discriminación, el tener que esperar que los blancos de su equipo abordaran el autobús primero, primero en bañarse o comer, habitaciones diferentes y trato humano desigual. Aún siendo el mejor pícher, con su educación y sus buenos tratos, tenía que someterse a las reglas.
A don Juan le mantuvo su carácter, la actitud y el espíritu de un deportista de cuerpo, cabeza y corazón. La actitud empuja más que la inteligencia, la fuerza y el talento, es la forma de reaccionar o comportarse ante situaciones, grupos e ideas, la actitud lleva a la persistencia, la constancia, la continuidad y la resistencia que se necesita para alcanzar metas.
El espíritu es interno, profundo y duradero, es la pura esencia de la persona, su energía, su motivación, su luz y fortaleza que le guía, diría que, se acompaña de los valores, propósitos y del espíritu de luchador y solidario de don Juan. En el deporte hay que tener espíritu de competencia, de superación, de lucha y de resistencia, de ahí se llega al éxito, la fama y la trascendencia.
Actitud, motivación y espíritu, representan fortaleza, resiliencia y ganas de superación, la pobre actitud y el pobre espíritu llevan al abandono y desmotivación frente a procesos difíciles.
Un hombre de 88 años, dando lo mejor de sí, su experiencia, sabiduría, su mirada, su energía, su humildad como persona y deportista de trascendencia y de respeto mundial. Don Juan, lo hacía fácil, desde el estadio, con el público, en el camerino, haciendo lo que siempre hacía, sentido de grupo, de compañerismo, competitividad, gozar y reír cuando se gana y tristeza, frustración o enojo cuando se pierde.
La actitud y espíritu de Juan Marichal, era visible, se exponía y se dejaba sentir en cada deportista dominicano. El deporte es y fue la vida de don Juan, le dió consistencia, disciplina, fortaleza y autoestima, a nivel social, le ayudó a crear vínculo, sentido de pertenencia y de grupo. El béisbol fue su carrera, su identidad, su referencia y sentido de vida personal y social.
Verle bailar en el camerino, estimular y agitar la bandera dominicana, su gorra con los símbolos patrios, de seguro que el cerebro estimulaba todas sus estructuras, su corazón latía y sentía la emoción, la memoria se activaba y revivía décadas atrás. Don Juan Marichal, un adulto mayor que mantiene el espíritu del voluntariado, las emociones, el apego y la actitud por enseñar y dar sin importar los años. El cerebro y el espíritu del que es bondadoso, solidario, altruista, recíproco, de compasión y amor por los demás, sencillamente es más feliz y más sano.
Necesitamos muchos Juan Marichal en las diferentes disciplinas de la vida y en la ciudadanía.