Ahora las drogas

Bonaparte Gautreaux Piñeyro
Unos se creen superiores a los demás y, en aras de presumirlo, son capaces de matar, asesinar, cometer genocidio, hacer cualquier cosa.
Ello es lo que explica la célebre y archicommentada y requeté estudiada “Guerra de Troya”. Está definitivamente establecido que Helena, la bella reina de Esparta, esposa del rey Menelao, fue ocultada mientras los griegos luchaban hasta conquistar Troya y con ello eliminar el cobro de tributos que encarecía sus exportaciones.
El desparpajo con que las tropas inician el desembarco del día “D”, habla del uso de estimulantes autorizados por el general Eisenhower, como muestran documentos desclasificados de Estados Unidos.
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En Vietnam, las tropas de EE. UU. usaron drogas de manera cuasi pública, con una permisividad sospechosa. Ello explica el alto número de veteranos que regresaron como adictos y cometieron delitos atroces bajo el efecto de drogas.
Cuando los talibanes arrasaron con el cultivo de la adormidera (una planta que produce alcaloides del opio, incluidas ciertas sustancias como la morfina y la codeína), Estados Unidos envió su ejército a tomar el poder en Afganistán y, a poco, se restableció el comercio del opio con nuevas siembras masivas de amapola real.
El uso de la fuerza del Estado para beneficio del comercio de las drogas se manifestó claramente en la guerra, mediante la cual la corona inglesa impuso el opio a China.
El todopoderoso presidente del Comité de Relaciones Internacionales del Senado de Estados Unidos, en visita a Santo Domingo, se quejaba de que República Dominicana era un gran puente de drogas, a lo que le contesté, como presidente del Consejo Nacional de Drogas, lo siguiente:
Si usted me acompañara a una visita al Alto Manhattan, en Nueva York, yo lo pudiera llevar a sitios públicos, a esquinas, donde se vende droga públicamente sin que intervengan las autoridades que saben, y algunas pueden ser cómplices, de ese comercio ilegal, hacia allá van las drogas que pasan por aquí.
Ante la amenaza visible de la gran flota militar de EE. UU. en el Caribe se me ocurre pensar que el presidente Trump ha enviado militares a las calles en su país, como un ensayo.
Digo como un ensayo de lo que parece una decisión de peso, y definitiva, de invadir a Venezuela y a Colombia. Esa aventura puede costar un gran derramamiento de sangre y una guerra más larga que la de Vietnam, de donde salieron sus tropas con la sábana por un canto.
Los militares colombianos, por ejemplo, son protagonistas de una larga y sangrienta guerra; los militares venezolanos, son herederos del orgullo y la experiencia bolivariana. Para bien del continente, ojalá que ni los unos ni los otros se vean expuestos a esa confrontación.