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Aprendizajes de mi padre William Vargas Pichardo

De mi padre aprendí actitudes, pautas de interacción social y valores, no como discurso teórico, sino por demostración efectiva en su comportamiento social.

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El pasado miércoles 21 de enero se cumplieron 20 años de la muerte de mi padre William Vargas Pichardo.

Mi padre no fue parte de la vida familiar desde la unidad de residencia-hogar, crecí en una familia monoparental liderada por mi madre (Ana Daisy García), él estuvo presente desde una comunicación y seguimiento continuo.

La principal estrategia que desarrolló para tener presencia fue diálogo y contacto continuo, con escucha y consulta atenta y afectiva.

De mi padre aprendí actitudes, pautas de interacción social y valores, no como discurso teórico, sino por demostración efectiva en su comportamiento social.

1. Esfuerzo y responsabilidad. Mi padre vivió al igual que mi madre la pobreza. La mejora de sus condiciones de vida en su adultez fue un proceso gradual en el que el esfuerzo y el sentido de responsabilidad eran su principal empuje.

2. Compromiso social. Tanto mi padre como mi madre fueron cada uno un referente permanente de compromiso con el cambio social, justicia y equidad. Fue un luchador antitrujillista y antibalaguerista, se vinculó al movimiento 14 de junio y a la revolución de abril 1965.

3. Libertad. Uno de los principales pilares de la vida de mi padre fue la libertad. No asumió compromisos sociales y económicos que implicaran posiciones de poder y afectaran su libertad

4. Coraje y coherencia. William Vargas fue un ejemplo de coraje. No tenía miedo al riesgo, mantuvo total coherencia con los ideales y valores que asumió a favor de la democracia.

5. Responsabilidad social, honestidad y respeto. El sentido de la responsabilidad, honestidad y respeto eran aspectos claves de su vida.

6. Sencillez, humildad y sensibilidad social. Era un hombre sencillo, humilde, respetaba a todas las personas sin discriminación social ni racial.

7. Solidaridad. La solidaridad era un principio en su vida. Cualquier situación o persona que requería de su apoyo tenía una respuesta.

El acompañamiento a mi padre en sus últimos días de vida hasta el último minuto de su muerte fue una lección de vida y muerte de una gran trascendencia para mí. Reconocer su peso en múltiples culturas y nuestra religiosidad popular. Su carácter ambivalente desde la mezcla entre alegría y tristeza.

La necesaria ruptura con la muerte desde el miedo y apego cobró importancia con mayor intensidad al sentir la paz y plenitud que transmitió mi padre hasta su ultimo respiro y latido.

A partir de la muerte de mi padre entendí que la vida cobra más sentido cuando se está cerca de la muerte. Las dimensiones físicas, afectivas y sociales de la vida se reestructuran con mayor claridad cuando reconocemos que podemos morir en cualquier momento.

Sobre el autor
TAHIRA VARGAS GARCÍA

TAHIRA VARGAS GARCÍA