Haití
¿Hasta cuándo Barbecue?

Jimmy Cherisier, Barbecue
Por años, Haití ha vivido bajo el fuego cruzado de su propia realidad: un Estado debilitado, instituciones fracturadas y un mosaico de pandillas que han encontrado en el vacío de poder la oportunidad para ejercer un dominio brutal sobre la población. Pero entre todos los nombres que aterrorizan a Puerto Príncipe, uno destaca como símbolo de la crisis: Jimmy Chérizier, alias “Barbecue”.
Exagente de policía, convertido en caudillo armado y vocero de la coalición Viv Ansanm, Barbecue no es simplemente el líder de una pandilla: es hoy el rostro visible de un sistema criminal que funciona como un poder paralelo, capaz de dictar órdenes de movilidad, imponer toques de queda y desafiar abiertamente a fuerzas nacionales e internacionales.
La reciente instrucción de Barbecue a la población haitiana a que no salgan a partir del pasado lunes 17 de noviembre, marca un punto crítico. No es solo un mensaje estratégico; es una declaración de quién controla realmente las calles.
Mientras las fuerzas del orden, la Policía Nacional de Haití (PNH), las Fuerzas Armadas (FAD’H) y la Fuerza de Represión de Pandillas (FRG) lanzaron una ofensiva contra el grupo 400 Mawozo, la respuesta fue inmediata: intimidación, amenazas y un llamado a paralizar el país para facilitar el enfrentamiento con la policía.
La situación se agravó con el ataque de presuntos pandilleros contra agentes de seguridad estadounidenses en la embajada de EE. UU. Un episodio que confirma que la crisis haitiana ha superado las fronteras del orden interno para convertirse en un riesgo regional y diplomático. El mensaje es claro: las pandillas ya no le temen a nadie.
En otros contextos, Barbecue sería un criminal más. En Haití, es un actor político y militar de facto. Su nombre, su figura y su narrativa han sido cuidadosamente construidos para proyectar poder, cohesión y dominación en barrios enteros. Su coalición, Viv Ansanm, se presenta como un frente de “unidad”, pero actúa como un Estado paralelo que gobierna mediante el miedo, la coerción y la fuerza.
No es casual que sus mensajes se difundan como comunicados oficiales. Es parte de la estrategia: suplantar la autoridad del Estado.
El llamado a “no salir de casa” no busca proteger a la población. Busca permitir el libre movimiento de las pandillas, evitar obstáculos y garantizar que sus enfrentamientos con la policía se den en un terreno despejado. Es una táctica militar disfrazada de advertencia humanitaria.
Para el haitiano común, no es una recomendación: es una amenaza velada.
El dilema para Haití y para la región
La ofensiva del Estado contra 400 Mawozo revela algo más profundo: el inicio de una lucha por recuperar territorios que durante años han sido rehenes de bandas armadas. Pero también expone la precariedad de las instituciones haitianas y la falta de una estrategia sostenida que permita desmantelar estas estructuras criminales de manera definitiva.
Mientras Barbecue pueda paralizar la capital con un mensaje en redes sociales, Haití no podrá hablar de recuperación, seguridad ni reconstrucción.
Particularmente, la República Dominicana observa con preocupación. Lo que ocurre en Puerto Príncipe no permanece en Puerto Príncipe: genera desplazamientos, tensiones fronterizas, riesgos migratorios y amenazas a la estabilidad regional.
¿Hasta cuándo Barbecue?
La pregunta no es retórica. Es una urgencia.
Haití no puede seguir siendo un territorio donde un líder de pandilla decide quién vive, quién muere, quién se mueve y quién se queda atrapado en su casa. El poder de Barbecue no surge de su carisma, sino del vacío que el Estado no ha podido llenar.
La solución no llegará con operaciones aisladas ni con comunicados internacionales. Requiere estrategia, presencia real del Estado, reconstrucción institucional y un acompañamiento internacional coherente y sostenido.
Porque mientras Barbecue siga hablando como autoridad, Haití seguirá escuchando como un pueblo secuestrado.
Y el mundo seguirá preguntándose: ¿Hasta cuándo?