Opinión

Estados Unidos

Burocracia y aventurerismo en las relaciones dominíco-estadounidenses

El hecho de que los cónsules John Somers Smith y Raymond H. Perry y el senador Charles Sumner entraran en contradicción con quienes enarbolaban la idea de anexar nuestro país a los Estados Unidos

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El hecho de que los cónsules John Somers Smith y Raymond H. Perry y el senador Charles Sumner entraran en contradicción con quienes enarbolaban la idea de anexar nuestro país a los Estados Unidos, demuestra que los intereses de unos en ese momento no correspondían a los de ciertas capas de la clase dirigente norteamericana. Así Smith que era agente comercial en Santo Domingo desde los tiempos de último gobierno del general José María Cabral (1866-1868), llegó a estimular la cesión de Samaná. El que siguiera ocupando su cargo hasta fines de 1969 indica que en alguna medida apoyó el mencionado tratado.

Somers Smith informó al secretario de Estado, Hamilton Fish, que el general William Cazneau y el coronel Joseph W. Fabens eran “especuladores que no se detenían ante nada”. En carta del 2 de septiembre de 1869, al secretario Fish, Smith afirmaba: ”Sin duda, se ha hecho un gran esfuerzo aquí para atraer las simpatías de nuestro Gobierno a favor del partido de Buenaventura Báez, y contra el partido de José María Cabral, y si es posible, enredar a los Estados Unidos en esta cuestión revolucionaria. La mejor política es no intervenir en las discordias revolucionarias del país mientras la posición del Gobierno sea tan precaria. Las cárceles están llenas de detenidos políticos, y varios centenares de los hombres más prominentes y respetables de esta ciudad se encuentran desterrados.”

Esa comunicación marcó el final de Smith como agente comercial en Santo Domingo. El 20 de octubre de 1869, Raymond H. Perery fue designado en el cargo. A Santo Domingo llegó a mediados de noviembre . Los cónsules elegidos por los anexionistas eran difíciles de manipular.

Perry había sido mayor del Ejército norteamericano y tenía como aval su participación en la Guerra Civil. Desde su llegada a territorio dominicano, el presidente Báez y el general Cazneau trataron de impresionarlo. Fabens no tardó en proponerle a Perry que si se mostraba cooperador con los planes de la anexión “tendría una gran oportunidad de hacerse de una fortuna rápidamente”, y Cazneau le aseguró una “magnífica plantación y oportunidades para manejar el dinero de personas radicadas en Nueva York”, a lo que Perry respondió que él buscaba “una magnífica reputación y no dinero”.

Cuando fue designado en el puesto, la capacidad de Perry fue cuestionada por el senador Carl Schurz: “Fue nombrado Agente Comercial en Santo Domingo por uno de esos absurdos fenómenos que caracterizan a nuestro sistema de servicio civil, pues las condiciones que se requerían para ese cargo eran precisamente contrarias a las que él poseía”.

Se sostuvo entonces que la ambición del mayor Perry era llegar a ser comisario de Policía de su país en el Distrito Occidental de Texas. A esto se agregaba el hecho de que Perry había sido juzgado, durante la Guerra Civil, por robo de caballos y mulos y por especulación, lo que habría provocado su expulsión del Ejército.

A pesar de esos supuestos antecedentes y de haber firmado en nombre de su país el Tratado de Anexión, Perry contestó con gallardía a los intentos de sobornos por parte de los anexionistas. “Todo ello –expresa Rodríguez Demorizi- y el convencimiento adquirido por Perry de que el Proyecto de Anexión había sido preparado por Fabens y Cazneau en connivencia con Báez y (el general) Babcock y demás asociados…”.

Báez ordenó a Manuel María Gautier, su secretario de Relaciones Exteriores, que solicitara al Gobierno norteamericano el retiro de Perry. En oficio del 14 de mayo de 1870 Gautier se dirigía a la Cancillería de ese país: “Como el Sr. Perry pasa con licencia a los Estados Unidos, mi Gobierno espera que el de V. E. escogitará el medio de que no vuelva a esta ciudad, pues su presencia es de todo punto inconveniente para la buena dirección que debe reinar entre los americanos y los dominicanos”.

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Diómedes Núñez Polanco

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