Canva: ¿Encanto o espanto?

Nelson Marrero Díaz.
Por: Nelson Marrero Diaz
Imagina un video bien logrado. Puede ser un comercial de televisión, el anuncio de un nuevo producto o 30 segundos en redes sociales que captaron la atención de varios creativos. Todos aprueban con conciencia profesional y artística el resultado. Los aplausos terminan cuando descubren que detrás de ese fascinante clip audiovisual estuvo Canva o cualquier otra plataforma “simple”.
¿Por qué surge resistencia? ¿Son necesarias cien horas de esfuerzo para validar la calidad de un trabajo? Si rebobinamos la cinta de la tecnología a sus inicios, encontraremos una situación bastante común: la calidad iba de la mano de la complejidad. Este pensamiento contradice principios básicos de la modernidad en cualquier industria, que buscan automatizar, simplificar y replicar, cada vez con menos inversión de recursos, pero con mejores estándares de producción.
Muchos camarógrafos, cuando aparecieron las primeras cámaras con memoria, demonizaron la herramienta que cambiaría el curso de la profesión: “ni loco voy a usar eso, la cinta es más profesional”. Hoy esas frases suenan exageradas, pero reflejan el miedo que acompaña cada cambio tecnológico. Con el tiempo, sin embargo, se demostró que lo importante no era el formato, sino la visión de quien estaba detrás de la cámara.
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Los directores de cine Christopher Nolan, Quentin Tarantino o Paul Thomas Anderson aún prefieren rodar en celuloide, defendiendo la textura, la apariencia y el ritual de un proceso más artesanal.
La verdadera magia sigue residiendo en el talento humano. Una idea sólida, bien pensada y ejecutada, seguirá brillando aunque haya sido producida en la plataforma más básica.