Opinión

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Querido Magino, hoy sí es verdad que me siento desconcertado con las cosas que suceden en este bello país. O que se dicen que ocurren. Leo en “El Día” una información en la cual se advierte que peligra la zafra azucarera por falta de braceros haitianos. Y mientras eso se asegura en un matutino, en otras esferas se indica que lo que peligra es la seguridad del país por el exceso de indocumentados haitianos.

¿Qué carajo es lo que se describe? ¿No nos da vergüenza pintar esa situación? ¿O es que hemos llegado, acaso, al colmo de la indolencia?… La información que le comento, mi querido viejo, luciría más completa si se indicara el número de haitianos indocumentados que residen en el país y el número de dominicanos desempleados, que han huido del campo. Del asunto dominicano es mejor ni hablar. El criollo siempre ha sido enemigo de la dura faena de cortar la caña, además de que ha sido objeto, también, de un trato no muy santo por patronos medio ciegos y turulatos para todo, menos para ganar dinero como sea, a cualquier precio… Pero, ¿cómo es posible que se hable de la falta de braceros haitianos dispersos en el país? ¿Y los centenares de miles de braceros que han llegado aquí en los últimos años? ¿Qué se ha hecho esa gente? Sin duda que están repartidos en la geografía nacional, dedicados a múltiples labores —incluyendo las del moto-concho, venta de billetes y quinielas, puestos de frutas— y no hay quien les hable de volver al campo a trabajar en ingenios, pues dígase lo que se diga, en la mayoría de los bateyes esos haitianos, así como los pocos dominicanos que en ellos viven, constituyen una especie de muertos en vida… Gente que se vincula al negocio cañero, por otra parte, también asegura que el reclamo anual para que el gobierno autorice la entrada de braceros, es algo que tiene un matiz muy especial, pues en realidad se opera un tráfico de seres humanos, dado que los haitianos entran como si se tratara de cabezas de ganado y hay sus chelitos para repartir entre las partes encargadas del “negocio”, tanto aquí como en Haití. El gobierno —no importa de cuál partido ni quién lo presida— siente pavor cuando le hablan de la posible suspensión de la zafra por falta de braceros sobre todo cuando piensa que se incumplirá el compromiso de cubrir la cuota con Estados Unidos. Y entonces abre las puertas —¿no están siempre abiertas?— de la línea fronteriza, para que más carne de cañón entre al territorio nacional… ¿Qué carajo importa a empresarios desaprensivos que la situación nacional se agrave, cada año, con la entrada de miles de indocumentados haitianos que se incorporan a una masa que contribuye a agudizar los males sociales que afectan esta pequeña nación digna de mejor suerte y hasta de mejores hombres? Esa gente, con tal de que sus operaciones dejen buenos dividendos vendería hasta su mismísima madre… Tengo entendido, Magino del alma, que por más negativas oficiales que se hagan, por más promesas que salgan del sector empresarial, los braceros vendrán y la caña será cortada. De los miles de nuevos braceros, solo unos cuantos regresarán al concluir la zafra. El resto se quedará deambulando por aquí. Entonces, y con sobrada razón, aumentará la miseria de zonas depauperadas, de esas zonas que no conocen las cifras del Banco Mundial, del Banco Central o del Fondo Monetario Internacional. Vendrán los choques. Son inevitables. Y los pastores católicos, aunque se excedan, tendrán que seguir la doctrina trazada por la Iglesia Católica en esa materia. Seres humanos al fin, aparecerán curas agresivos y violentos, de esos que no ofrecen la otra mejilla y que si bien consideran que el sufrimiento gana el cielo, también están conscientes de que a la gloria se debe llegar bien alimentado y tratado como un ser humano. Experiencias hemos tenido y tenemos de sobra. Cuando esas cosas vienen entonces surgen los empresarios que culpan a sacerdotes de los males ancestrales de un negocio que se enriquece del sudor ajeno, de la más vulgar explotación del hombre por el hombre… Y mientras todo eso ocurre, el gobierno, con la responsabilidad de administrar el Estado, habla a chorros, presenta planes a ejecutar, hace cuentos a granel, mientras el país se haitianiza…Por eso, viejo vagabundo y charlatán, me gustaría que usted me dijera cómo es posible que falten braceros haitianos para el corte de la caña y existan tantos y tantos haitianos que pongan en peligro la seguridad de la nación… Mientras tanto, disfrute su apagón, que los hay por pilas, a todas horas y de distintas duraciones. ¿Las causas? ¡No hay dinero para pagar la energía que se debe suministrar!

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