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Guardianes de la verdad Opinión
César Pérez

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Indudablemente, como país estamos en una situación bastante compleja, nuestro principal socio comercial, EE. UU., lleva a cabo una inédita política de gendarmería en el mar Caribe al margen de toda norma internacional. Lleva una suerte de guerrita contra algunos países de la zona en la que la cuestión arancelaria se mezcla con amenazas y/o acciones punitivas extrajudiciales concretas bombardeando y hundiendo embarcaciones presuntamente transportadoras de narcóticos.

Las protestas de algunos jefes de Estado contra estas acciones ilegales y con intenciones intimidatorias contra algunos países no se hacen esperar, traduciéndose en expresiones de recíproca solidaridad entre los directamente afectados y en la que se incorporan otros. Esa circunstancia nos sitúa en una situación bastante comprometedora.

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De las amenazas de incremento de los aranceles a varios países de la zona, ha pasado a acciones concretas de carácter militar en los mares Caribe y Pacífico no lejos de las aguas territoriales de países como Venezuela y Colombia. Aunque con matices diferentes, tiene tensiones con tres de los cinco países de la región de mayor economía, Brasil, México y Colombia, los cuales tienen el apoyo de un cuarto, Chile. Y han manifestado públicamente su disgusto por la no invitación a Cuba, Venezuela y Nicaragua a la próxima Cumbre de las Américas. Algo que se relaciona con la actitud de los EE. UU. frente a esos gobiernos y con la naturaleza de nuestras relaciones con ese país.

En ese sentido, de hecho, estas relaciones nos sitúan en frente del país agresor, por tanto, también de hecho, fuera de las alianzas que para defenderse tejen los países agredidos en esta y en otras regiones del mundo, independientemente de que algunos puedan decir que estamos fuera pero no en contra. Hay momentos en que una pretendida neutralidad es tomar partido, al igual que el silencio ante el clima de hostilidad contra nuestros vecinos y contra la persecución, deportación, encarcelamiento y hostigamiento a la población latina en varias ciudades norteamericanas, entre los que se cuentan nacionales dominicanos o de origen.

Es una situación insostenible, un problema nacional que amerita tratarse con sentido del equilibrio, firmeza y prudencia que, desafortunadamente, no son precisamente atributos que se destacan en nuestra cultura política. Hay que encontrar la manera de mantener las relaciones con nuestro principal socio comercial, es lo que en semejantes situaciones hacen todos los gobiernos independientemente de su signo ideológico/político, pero sin romper puentes con sus vecinos. Lo enseña la historia política. Hay que asumir, como dice Amín Maalouf, que ninguna potencia, mucho menos una persona, está en capacidad de sacar el mundo de su laberinto. Ni siquiera un bloque de naciones. Podrían unirse para defenderse y hacen lo correcto, pero no esperar que ellas lo harán.

Hoy, el libre ejercicio de la soberanía nacional de cada país y la defensa de un contexto multilateral constituyen el mejor recurso para sacar el mundo de su laberinto y esto solo se logra con firmeza y flexibilidad al mismo tiempo. Es un camino escabroso, cuya construcción requiere tesón, es un camino que no se camina solo sino aunando voluntades, algo mucho más productivo que marginar la crítica, como dice el periodista chileno Patricio Fernández.

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César Pérez

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