El síndrome del fanfarrón
Complejo de inferioridad y promesas huecas en la gestión de Luis Abinader
Todos estamos conscientes en cómo han aumentado los apagones y el encarecimiento del servicio de energía eléctrica.
Luis Abinader,
En la psicología social, el complejo de inferioridad suele manifestarse a través de una conducta opuesta pero reveladora: el fanfarroneo. Quien se siente pequeño, vocifera grandezas. Quien carece de obras sustanciales, inaugura "hitos históricos" cada vez que coloca una primera piedra. Al observar la conducta de quienes nos gobiernan actualmente en la República Dominicana, es difícil no aplicar esta lógica. Gobernados por un discurso populista y triunfalista, los números fríos nos muestran una realidad diametralmente opuesta: la política pública enfocada en la inversión de capital ha caído a sus niveles más bajos en tres décadas, mientras el presidente Luis Abinader ofrece un relato de rendición de cuentas lleno de exageraciones que choca con la cotidianidad de los dominicanos.
El sello de esta administración ha sido lo que algunos analistas denominan el "síndrome hiperbólico" . Cada pequeña remodelación de oficina pública se viste con frases como "hecho histórico" o "lo nunca visto". El presidente Abinader ha llegado a proclamar que están "construyendo un nuevo país". Sin embargo, detrás de la pirotecnia verbal, los indicadores económicos y sociales cuentan una historia distinta y radicalmente opuesta.
Con una economía que sólo subió en términos reales en 2.12%, magnitud menor que la inflación interanual del período de 4.57% ¿De dónde se sostiene tanta fanfarronada? No hay que ser un genio, la realidad es que la vida está más cara -de agosto de 2020 a diciembre de 2025 la inflación acumulada es de 34.52%- y hay un evidente deterioro en la salud y ni hablar de la educación. Tampoco se ha podido invertir en seguridad ciudadana, disminución de la pobreza y ni en infraestructuras en general. Esta situación ha generado que cada vez menos personas escuchen el discurso del rendición de cuentas, porque la brecha entre lo que se anuncia y la realidad que vivimos nos llena de desesperanza.
Todos estamos conscientes en cómo han aumentado los apagones y el encarecimiento del servicio de energía eléctrica. Sumemos a esto el incremento del financiamiento del déficit eléctrico que paso de 0.50 del PIB en 2019 a 1.40% del PIB en la actualidad. Agreguemos a esto que los intereses de la deuda han pasado de 18.30% del total del gasto público en el 2019 a 21.20% en 2025. Ya el nivel del Servicio de la Deuda supera la inversión en educación en términos funcionales. Al mismo tiempo, el costo de la vida nos está ahogando y el emprendimiento se ha convertido en un acto de súper heroísmo, porque las oportunidades son escasas.
Ya es imposible tolerar al gusanillo de “echavaineo”, actitud petulante que acompaña a la élite perremeísta encabezada por el Presidente, donde lo que menos importa es la ciudadanía y lo que más importa es intentar de descalificar a la oposición con intentos de ridiculizar a quienes en el fondo le tienen terror, porque saben que lo enfrentan con datos y conocimiento del Estado, al contrario de cuando el PRM hacía oposición ofreciendo un “Cambio” sin ningún tipo de contenido detrás, más que enunciados insostenibles, como se ha demostrado.
Las plataformas digitales con fuentes oficiales en diferentes renglones ofrecen datos con tardanzas o que llaman a sospecha, como los feminicidios que omiten casos que se hicieron públicos que no concuerdan, así como la ausencia de los datos del observatorio de seguridad. Son evidentes además, las ganas de ocultar el crimen más horrible de la historia política de este siglo y finales del pasado, como es el robo de SENASA, algo sin precedentes y que no vamos a dejar de mencionar.
Asistimos a un gobierno que, como el niño que grita para que le presten atención, confunde el volumen con la autoridad y la mentira con la estadística. El pueblo dominicano ha despertado. exigimos cada vez más ver los resultados, no los titulares.