Opinión

Tras el Asunto Haitiano

Convirtamos los combustibles en un segundo tema de unidad nacional

En los últimos años el país ha experimentado un cambio estructural en su matriz energética.

Los Presidentes

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Hay desafíos estructurales que se interponen de manera persistente y obstaculizan transversalmente nuestro camino al desarrollo y el bienestar social.

De tal magnitud son esos desafíos que trascienden la capacidad de un solo gobierno o partido político para enfrentarlos con éxito.

Uno de ellos es el Asunto Haitiano. El curso de la historia nos colocó en la singular condición de compartir La Española con el hermano pueblo haitiano, cuya realidad ha estado marcada por profundas crisis institucionales, violencia, fragmentación e inestabilidad social— representando un desafío permanente para nuestro país.

Cualquiera de esos efectos podría comprometer los avances logrados por la República Dominicana en las últimas cinco décadas.

Resulta altamente positivo que, convocados por el presidente Luis Abinader, se haya venido construyendo un espacio de concertación en el que participan los expresidentes Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina. Es un paso en la dirección correcta: ante problemas de Estado, respuestas de Estado.

Ahora, el país enfrenta otro desafío que, aunque de naturaleza distinta, también exige una visión compartida: el impacto de los aumentos en los precios de los combustibles derivados del petróleo.

No producimos petróleo.

Dependemos completamente de los mercados internacionales para abastecer una economía que necesita energía para generar electricidad para el trabajo y la vida doméstica y movilizar nuestro grande parque vehicular.

Durante décadas, el déficit del sector eléctrico —conocido como “el hoyo eléctrico”— ha sido un factor determinante en el desequilibrio de las finanzas públicas y en el crecimiento del endeudamiento.

En los últimos años el país ha experimentado un cambio estructural en su matriz energética. Bajo la actual gestión, se ha transitado desde una alta dependencia de los derivados del petróleo hacia una matriz más diversificada, con un crecimiento significativo de las energías renovables.

Los datos son elocuentes: de unos 555–588 MW de capacidad renovable en 2020, el país ha pasado a alrededor de 1,300–1,500 MW en 2024, y a más de 2,700–3,000 MW en 2025.

A ello se suma la reciente incorporación de 414 megavatios netos al Sistema Eléctrico Nacional Interconectado tras inaugurarse la central Manzanillo Power Land, el pasado mes.

Este avance evidencia un proceso de transformación energética que reduce progresivamente la dependencia del petróleo.

No obstante, esa dependencia sigue siendo significativa, especialmente en el transporte y en otros sectores clave de la economía.

De ahí que los aumentos en los precios internacionales —acentuados ahora por la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán— continúen impactando directamente el costo de los combustibles en el país, obligando al gobierno a aumentar los precios, pese a aplicar subsidios millonarios para mitigar sus efectos sobre los ciudadanos.

En este contexto el presidente Abinader ha propuesto al liderazgo político nacional la construcción de un gran acuerdo para abordar este desafío con responsabilidad y visión de Estado.

La propuesta implica evitar la politización de un problema cuyo origen es externo y cuyas consecuencias afectan a todo el pueblo.

Se trata de evitar que el legítimo debate político degenere en acciones o discursos que puedan alterar la estabilidad social o generar incertidumbre innecesaria, que nos dañe el flujo de inversiones extranjeras directas y el turismo, por ejemplo, dos pilares de la economía.

Así como se ha avanzado en la construcción de consensos en torno al Asunto Haitiano, el país tiene ahora la oportunidad de dar un paso similar frente al tema de los combustibles.

Que cada partido continúe promoviendo sus ideas, sus propuestas y sus aspiraciones de poder es parte esencial de la democracia. Pero hay temas que deben colocarse por encima de la competencia política.

El precio de los combustibles —como antes el Asunto Haitiano— debe ser uno de ellos.

Apostar por la unidad alrededor de los grandes temas nacionales no es una señal de debilidad política, sino de madurez institucional.

Adelante, República Dominicana.

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Nelson Marte

Nelson Marte