Opinión

#SinFiltro

El cristal con que miramos

Una invitación a la autocrítica profesional

Mosaico diversidad personas. IA Gemini

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Recientemente, en un encuentro transformador dirigido a periodistas y comunicadores, la experta Alejandrina Aguilar Decena nos confrontó con preguntas que, aunque parecen cotidianas, desnudaron la estructura de nuestra mirada: “¿Cómo son las mujeres? ¿Cómo son los hombres? ¿Cómo son las personas homosexuales o lesbianas?”.

Al escucharnos responder, la pregunta de fondo que ella nos planteó fue la que realmente sacudió nuestro ejercicio profesional: ¿Por qué hacemos esas asociaciones y por qué las replicamos en nuestras respuestas?

Este ejercicio nos obligó a mirar de frente los estereotipos de género. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), estos se definen como prejuicios generalizados sobre atributos o funciones sociales que hombres y mujeres poseen o deberían desempeñar.

Lo que Aguilar Decena nos invitó a comprender es que, como comunicadores, nuestras palabras son el vehículo de esos prejuicios si no hacemos un alto consciente.

Sesgos heredados

Uno de los puntos más reveladores de la presentación de Alejandrina fue recordarnos que estos mitos están profundamente arraigados desde nuestra formación inicial. Es en la primera infancia, hasta los ocho años, cuando se construyen esos sesgos que luego normalizamos.

Ella nos ilustró magistralmente con el ejemplo de las Hermanas Mirabal y la era de Trujillo. Nos invitó a analizar cuál era la asociación de "lo femenino" en esa época y cómo esa construcción dictó la forma en que historiadores, periodistas y comunicadores le hemos contado su historia al mundo. Al no cuestionar el origen de nuestra valoración, terminamos hablando desde el prejuicio y no desde una mirada democrática y plural.

Barreras invisibles

Esta parcialidad no siempre es evidente. Como señala Inna Gil, de BBC Mundo, el sesgo de género a menudo opera como una parcialidad implícita: asociaciones automáticas que nublan nuestra objetividad.

Esta realidad fue confirmada en el estudio de monitoreo de enfoques machistas en medios presentado por las colegas Millizen Uribe, Jolie Ventura y Ramielli Delgadillo. Sus resultados no solo exponen la persistencia de estas narrativas, ponen nombre a esas barreras invisibles que conocemos como el techo de cristal.

Las revelaciones de este monitoreo son contundentes: la mujer sigue siendo desplazada de las fuentes de autoridad en temas de economía o política, quedando relegada a espacios estereotipados o roles de opinión secundaria.

Como conclusión fundamental, el estudio demuestra que el tratamiento informativo aún incurre en la revictimización y en una mirada que juzga antes que informar.

El gran aporte de este trabajo es que nos entrega una hoja de ruta crítica; nos advierte que, si no transformamos la cultura editorial desde adentro, el periodismo seguirá operando bajo una parcialidad que invisibiliza el talento y la realidad de más de la mitad de la población.

Tal como se enfatizó en este encuentro: “Hay un punto de la vida que no está siendo mostrado o escuchado”. Esa omisión es una deuda de la comunicación con la sociedad.

Comunicación diversa

Para romper estas cadenas, es imperativo implementar un lenguaje inclusivo que nos permita nombrar la realidad con justicia. No podemos seguir valorando a la mujer o al hombre desde moldes preestablecidos que limitan su humanidad.

La invitación que nos dejó Alejandrina Aguilar Decena es un llamado a la acción: cuestionar para no hablar desde el prejuicio. Solo mostrando la diversidad en todos los temas podremos eliminar los sesgos que distorsionan nuestra labor. Si aspiramos a una democracia real, debemos empezar por limpiar el cristal con que miramos e informamos.

Sobre el autor
Dayanara Reyes Pujols

Dayanara Reyes Pujols