De fatalidad y fatalidades
En nuestra habla popular, /fatal/ es un término común, cuyo significado corresponde a un hecho desgraciado o muy malo que le sucede a alguien. El sentido, entre nosotros, envuelve gravedad. Pero, en la extensión de su empleo reducimos el nivel de sentido o severidad del significado: «Ella pronuncia de una manera fatal».
Proviene esta voz del latín ‘fatalis’, que es un adjetivo incorporado a nuestra habla desde el siglo XVI, cuyo significado alude a ‘destino’. En el siglo XVII, el vocablo incluyó nuevos significados: ‘Desgraciado infeliz, aciago’. En navegación se habló de ‘sin fundamento’. En ese siglo, alcanzó el sentido de ‘malo’.
En el orden técnico- científico, en derecho asumió el valor de término en que «un plazo se debe cumplir”, o sea, plazo improrrogable”. (Enciclopedia del Idioma, Martín Alonso, Editora Aguilar, Madrid, 1958. Fatal, adjetivo, da origen a distintas derivaciones o familia de palabras: fatalidad, fatalismo, sustantivos; fatalista, adjetivo; fatalizarse, verbo pronominal: fatalmente, adverbio.
En un contrato concedemos o acordamos un /plazo/ fatal para el cumplimiento de una obligación o responsabilidad. En el lenguaje popular decimos: Ese muchacho no es más que un /fatal/= un ‘desdichado’ o un ‘abusador’.
Podemos elegir entre otros sinónimos o aproximaciones de significados:
Inevitable, ineludible, irrevocable;
Forzoso, preciso, inexcusable; indefectible, infalible. Imperioso, imprescindible. Todo esto entre ideas afines.
En forma de habla llana o generalizada: adverso, fatídico, infeliz, desgraciado.
Desdichado, malo, amargo, azaroso.
Así podemos encontrarlo en el Diccionario español de sinónimos y antónimos, Federico Carlos Saíns de Robles, de Editora Aguilar, octava edición, duodécima reimpresión, 1985 Madrid, España.
Vox, Diccionario de sinónimos, incluye dos formas adjetivas:
a) Fatal: Inevitable, inexorable, predestinado. Desgraciado, adverso, funesto, nefasto, aciago.
b) Fatídico: funesto, aciago, nefasto; y además,
c) Un empleo sustantivo: Hado, destino. desgracia adversidad, infortunio.
En República Dominicana el uso de /fatal/ como inevitable, inexorable, indefectible pertenece al lenguaje jurídico; quiere decir que es usual entre abogados, funcionarios y servidores calificados de la justicia, además de los otros usos indicados.
La generalidad, que se expresa con el vocablo fatal, aduce a personas: temperamento, o sucesos que son o han sido desdichados (personas o hechos):
«Insistió en irse a España y aquello fue fatal».
«Sospechábamos que su matrimonio, a la corta o la larga, sería fatal. Y así mismo sucedió».
En el orden que hablamos, el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española (2010, Santillana) da entrada al adjetivo /fatal/ y define el uso en Bolivia y Paraguay: “Excelente, muy buena persona” y consigna que es forma de empleo popular. Agrega que en Ecuador, referido a cosas, significa “de la peor clase”; pop.+cult.-espontáneo.
Incluye, además /fatalizarse/: ‘Cometer un error del que se siente culpable; y lesionarse una persona o un animal, impidiéndole participar en un evento’. Estas dos últimas significaciones se dan en Chile.
/Fatal/ tiene un empleo en el país, que nos revela conmoción, muerte segura: “Fue un accidente fatal», es decir, predestinado, inevitable.