Opinión

Irán en geopolítica

¿De quién es la debilidad? El error de subestimar al adversario

Las evaluaciones sobre el estado de Irán en el escenario internacional deben manejarse con prudencia.

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En un artículo publicado el 14 de febrero de 2026 en el digital Almomento.net, bajo el título “Irán no está solo ni debilitado”, ya advertíamos sobre una narrativa peligrosa: la idea de que la República Islámica de Irán había sido reducida a una potencia en retroceso. Esa tesis, respaldada por analistas como León Hadar, se apoyaba en hechos visibles: la caída de Bashar al-Assad en Siria, el debilitamiento de Hezbolá y la presión internacional sobre Hamás y milicias iraquíes.

La geopolítica no se mide por titulares, sino por capacidades reales. Irán no es un actor menor. Es un país de más de 90 millones de habitantes, con servicio militar obligatorio, profundidad territorial y una cultura estratégica forjada durante siglos de resistencia. No es, ni ha sido, una nación fácil de someter. Subestimarla no es un error menor: es una apuesta peligrosa. Es un territorio que no ha sido conquistado con éxito en 2.500 años.

Las evaluaciones sobre el estado de Irán en el escenario internacional deben manejarse con prudencia. Calificarlo como un actor debilitado puede resultar no solo impreciso, sino estratégicamente riesgoso.

Aquí es donde entra el punto crítico. Cuando Donald Trump afirma que Irán está “debilitado” o “rendido”, y simultáneamente se producen decisiones que amplían el margen de acción militar iraní, la contradicción es evidente. Ningún país que realmente esté derrotado otorga a sus fuerzas armadas mayor autonomía operativa. Eso no es señal de colapso, sino de preparación.

Se ha querido vender la idea de un Irán en retroceso. Se citan como pruebas la caída de Bashar al-Assad, el desgaste de Hezbolá o la presión sobre Hamás. Argumentos repetidos por analistas como León Hadar. En geopolítica, los Estados no se rinden ampliando su capacidad de respuesta. Se rinden cuando la pierden.

La historia reciente lo confirma. En febrero de 2022, Rusia otorgó amplio margen de acción a sus fuerzas armadas. Días después, ejecutó una operación militar a gran escala en Ucrania. Cuando un Estado concentra poder militar, no está retrocediendo: está tomando impulso. Irán mantiene atributos significativos: población numerosa, capacidad militar convencional relevante, y una ubicación geoestratégica clave, especialmente en torno al Estrecho de Ormuz

Moscú, como instrumento de presión geopolítica, restringió el paso de buques de grano en el Mar Negro tras la invasión a Ucrania. Otro elemento clave es el control de puntos estratégicos. Los hechos se repiten, Irán, cerró El Estrecho de Ormuz; transito de la quinta parte del petróleo mundial. La sola capacidad de amenazar o interferir en esa ruta, convierte a Irán en un actor fuerte, con poder de disrupción global. Un país verdaderamente debilitado no condiciona el flujo energético del planeta.

En este contexto, declaraciones como las de Donald Trump, que sugieren una supuesta debilidad iraní, deben ser evaluadas con cautela. En geopolítica, las percepciones equivocadas pueden conducir a decisiones erradas; Ya que, la experiencia internacional, demuestra que subestimar a un actor estatal, puede escalar tensiones innecesariamente y reducir los márgenes de maniobra diplomática.

Además, Teherán no actúa en aislamiento. Mantiene relaciones estratégicas con Rusia, China y Corea del Norte, y conserva una red de aliados no estatales —como los hutíes en Yemen, Hezbolá, Hamás y la Yihad Islámica Palestina— capaces de abrir múltiples frentes indirectos y afectar rutas comerciales clave. Subestimar esa arquitectura de poder no es un error analítico: es una imprudencia estratégica.

Trump, demostrando debilidad, les acaba de quitarles las sanciones tanto a Irán como a Rusia, para que puedan exportar sus petróleos al mundo, principalmente el gas liquado. Con esta decisión, ¿Quién está demostrando debilidad?

Más que insistir en narrativas de debilidad, la comunidad internacional haría bien en reconocer la complejidad del equilibrio estratégico. Porque en política exterior, los errores de diagnóstico suelen preceder a los errores de acción.

Sobre el autor
Luis Ma. Ruiz Pou

Luis Ma. Ruiz Pou