¡Detengamos estas acciones!
PEDRO GIL ITURBIDES
Como digo una cosa digo la otra. Sostengo la necesidad de que se regule la migración extranjera, provenga de donde provenga el inmigrante. Pienso que la lenidad que obra como brazo de la corrupción más que la laxitud ha hecho posible que tengamos pedigüeños haitianos en esquinas de varias ciudades. De igual manera, sin embargo, rechazo la injusticia con que operan unos supuestos agentes que persiguen a los haitianos.
Porque detrás de determinadas acciones de «aplicación de la ley de migración», subyace la extorsión. Estudiantes haitianos son las víctimas favoritas de probables agentes policiales que se identifican al servicio de la Dirección General de Migración. Al principio, cuando recibíamos quejas de
aquellos, pensábamos que lucían alarmados por una imaginaria persecución racial. Pero las quejas constantes nos llevaron a investigar, y pudimos averiguar que no pocas veces de dos haitianos juntos se detiene al estudiante y al ilegal harapiento se le deja libre.
Todo depende de su faltriquera. Al que nada tiene, nada se le pide.
Al primero se le requieren no solamente documentos. También se le piden objetos de su uso personal, o dinero. Y esto no solamente afecta la imagen de las instituciones en nombre de las cuales actúan tales agentes. Afecta sobre todo la imagen de la República. Y, en el caso de que estiremos en extremo esa soga, podríamos provocar reacciones contra dominicanos en Haití.
En consecuencia, vale que se detengan tales acciones que, además, está generando un recelo inconveniente en esos visitantes.
Por supuesto, no solamente haitianos que luzcan una forma de vida acomodada pueden ser afectados por truhanes. También los dominicanos menos avezados, y sobre todo cuantos no pueden esgrimir un nexo con alguien con suficiente poder, son sujetos de conductas corruptas. No puede descartarse tampoco el que individuos que usurpan poderes de la autoridad pública, exijan dinero o alhajas a cambio del respeto a la dignidad de esos ciudadanos.
Preciso es reconocer que la incontrolable inmigración haitiana provoca roces entre nuestras gentes y muchos de estos inmigrantes. En algunos casos surgen recelos que parecían dormidos, que a su vez impulsan a unos pocos a perturbar las vidas de haitianos en el país. Pero la ley no nos faculta a violentar prerrogativas innatas al ser humano, y mucho menos, a la exacción o al robo so pretexto de hacer cumplir reglas de migración. En caso de que se incumplan estas leyes, y las reglamentaciones complementarias, que se repatrie al imputado, sea haitiano o chino, francés o malayo.
Pero no podemos darnos el lujo de molestar y someter a chantaje a los nacionales del vecino país si vemos que ostentan vida acomodada, amparados en una insignia oficial.
Lo que va viene, dice antigua expresión. Y bien está que lo recordemos, pues muchos dominicanos viven en el Haití de hoy, en donde la ley se hizo añicos. Al exacerbar a quienes han venido a nosotros en busca del saber que no pueden lograr entre los suyos por el caos imperante, otorgamos licencia
para que se moleste a los nuestros allá. La Policía Nacional, la Dirección General de Migración y otros organismos de seguridad deben asumir el problema que se denuncia, como si fuese su propio problema. Estas acciones reprobables, tienen que detenerse.