Opinión

Publicado por

Creado:

Actualizado:

Aquí todo está politizado. Vivimos en un sistema parasitario con apellido de democracia. Actuamos de forma aristotélica, como si el país hubiese sido creado por una mente que nos formó como Estado; pero esa mente se marchó, como se derrite la nieve en verano. Ahora ese poder nos observa desde lejos, sin poder intervenir. Pareciera que dejó al dominicano funcionando como una sociedad automatizada, inmersa en la teoría del caos.

Todo depende del más fuerte, del que tiene más contactos y más relaciones. El Estado funciona como si operara al azar, con una avalancha de candidatos que carecen de una estructura moral. Todo es dominio, deseo, estafa y picardía, de acciones carnales que alimentan una cultura parasitaria donde el más sagaz logra operar dentro de la estructura de un Estado inacabado. Todo es caótico.

Lo diré. ¿Y qué si, con la capacidad que poseemos como entes co-creadores, rompemos esas prácticas que no nos permiten crecer como país? ¿Y qué si nos unimos y articulamos, en vez de limitarnos a quejarnos? ¿Y qué si actuamos formando pequeños espacios, sembrando ideas firmes que hoy parecen un grano de mostaza? ¿Y qué si esas siembras —pequeñas, pero con raíces indestructibles— rompen esta cara de la realidad actual y establecen otra que genere desarrollo integral? ¿Y qué pasaría si el pueblo dominicano entendiera que lo que ha sucedido por más de cincuenta años no representa lo que Juan Pablo Duarte diseñó para nuestro país?

¡Debemos decirlo! La historia dominicana no puede seguir siendo la misma. Debemos relanzar un paradigma distinto, opuesto a lo cíclico y a lo parasitario que nos ha gobernado por generaciones. Debemos volver a la esencia real de la política y del Estado. Es urgente formar grupos que estén por encima y en contra de las prácticas que han dominado hasta ahora.

Lo diré. En las condiciones actuales, los partidos no podrán provocar un cambio real. La transformación que requiere la República Dominicana conlleva la despolitización de todos los organismos que permiten que el Estado funcione de manera efectiva, así como la construcción de una nueva cultura política y económica que satisfaga, sin privilegios, a todos los sectores. Para lograrlo, se necesita un surgimiento que se convierta en masa crítica y le reste fuerza a la vieja cultura política. Ese surgimiento debemos construirlo intencionalmente.

Finalmente lo diré: Debemos poner un punto final al escenario político que nos ha moldeado hacia lo negativo e improductivo y construir una nueva historia; y no me refiero al fin de la historia de Francis Fukuyama, sino al fin de la nuestra. Entendemos que este es un proceso que debe edificarse. Por eso proponemos levantar la otra cara, el otro país que deberíamos ser.

Sobre el autor
Samuel Luna

Samuel Luna