Dominicanía
DIÓMEDES MERCEDES
Dominicanía: Es el conjunto de cualidades positivas dispuestas para la preservación y el desenvolvimiento integral y satisfactorio de la nación asentada y evolucionada históricamente sobre nuestro territorio.
Esas cualidades nacen del patriotismo, definen nuestra identidad, determinan nuestra razón de ser e inspiran el empeño por nuestras realizaciones como país, bases de las que las clases y personas podemos adquirir, sin menoscabo de los atributos de la república y de su Estado independiente.
La dominicanía es el común denominador unitario de nuestra diversidad social, con la que reaccionamos juntos ante lo que agreda a una de sus partes; también es fuente del orgullo que portamos por la nación a la que pertenecemos y en cuyo proyecto creemos.
Es síntesis y producto de virtudes sagradas intangibles que establecen la dignidad con la cual debemos coexistir velando por las materialidades con las que nos desarrollamos.
Deber absoluto este último, porque los dominicanos si queremos seguir siéndolo no tenemos otro pedazo de suelo en el mundo para forjarnos con los atributos y potestades que cada patria exclusivamente asigna a sus hijos, vinculándolos en el territorio en su proyecto, como socios o gran familia, integrándonos desde él a la sociedad mundial, compartiendo comercio, políticas, culturas, conquistas y luchas por la justicia, el conocimiento, el bienestar y la paz inter-activa. Este es el suelo al que desde cualquier parte del mundo queremos volver.
Dominicanía no es gentilicio, tampoco un patronímico. No es palabra existente en el diccionario: es una actitud, una psicología e ideología nacional multiclasista: una religión por los ancestros y por los descendientes, presente como el aliento reprimido en un alto porcentaje de ciudadanas y ciudadanos inconformes con el rumbo dependiente y colonial, empobrecedor y excluyente que ya nos ha despojado de porciones importantes de nuestras herencias y atributos, dejando en el vacío y sin seguridad al pueblo.
Por todo el país palpé esta rebeldía con motivo de la campaña no votar ahora de los API. Pero el 11 de mayo cuando el cuerpo de ese espíritu hacía sentir pánico al status quo por su vigor, y los medios, los templos, la sociedad civil, el gobierno y la JCE, etc. lo conjuraban, el popular Diario Libre en un intento de descalificación acusó a sus promotores los Activistas Progresistas Independientes de ser la izquierda que conoce el país, a la que no queremos parecernos. Fue el instante en que vimos la necesidad de precisar ideología y lo hicimos con el siguiente párrafo dirigido a su señor director.
Con nuestra propuesta a no votar ahora, rescatamos el derecho de los ciudadanos a opinar y expresarse, el que se ha creído es monopolio de los ideólogos de los medios controlados. No somos la izquierda que los medios y el poder han hecho de guetos de vividores del sistema, ni somos la derecha. Somos dominicanos y dominicanas actuando como tales y eso es lo que irrita a quienes desean que renunciemos a esa condición, reduciéndonos a cualquier otra cosa.
Para denominar lo que antecede y el como pensamos, inventamos dominicanía. Somos lo que ha estado proscrito y condenado a muerte sumaria desde el Golpe de Estado del 63 y más, desde la reacción de la Junta de Wessin y Wessin e Imbert Barreras en San Isidro en 1965.
La obra de los sombríos generales, sentó las bases y dio el ejemplo para la infidelidad y deslealtad a la patria, a su soberanía e instituciones; quebró represivamente la identidad y la solidaridad, creó el irrespeto a la vida y a lo más sagrado de cada pueblo, traumatizando su fe en su democracia, en su poder, y en la justicia malograda. Acentuó la corrupción, pervirtió la política y envileció nuestros institutos armados y a sectores inconscientes de nuestra población en los distintos niveles sociales. Ellos como ariete de la intervención extranjera, de los golpistas y de los colaboracionistas, ellos contra todo el pueblo, contra su constitución y sus leyes, ellos pudieron más, y este país de hoy es producto de su obra.
Quienes hasta hoy se benefician de esa acción, sin calibrar los demás las motivaciones de los hechos, maquillan y maquillan la imagen del general Imbert, promueven su admiración, confunden a los jóvenes, y poco ha faltado para encumbrarlo junto a los Padres de la Patria como su libertador, erróneamente, como si la razón del 30 de mayo no hubiera quedado explícita en su labor en la Junta de San Isidro contra toda la dominicanía de nuestra historia y específicamente contra las más recientes y relevantes: Junio 1959, Constitución de 1963 y Movimiento Constitucionalista de Abril 1965.
Los historiadores aún los más protegidos, les pasan de lejos a este panal de avispas que hay que abrir para ver las vísceras de nuestros perfiles actuales; y los medios, atrapados en el culto a falsedades les hacen ofrendas a estas. A riesgo de mi sangre, a nombre de la verdad de los hechos, lo protesto. Nuestra nación tiene un retraso democrático, de derechos y libertades que desde el 1930 hasta hoy son 76 años llenos de luchas y dominicanías que no debemos desconocer ni ceder a los falsos.
Se puede podar el árbol, sacarlo de raíz, pero la sinergia traerá nuevas primaveras, nuevas olas de dominicanías rectificadoras, y eso está presente en la geografía electoral abstencionista del 16 de mayo, en los activistas progresistas independientes API y en muchos más, en cualquier otro ámbito decente. Incluyamos dominicanía en nuestro vocabulario para reforzar el temple de nuestra historia y la autenticidad en nuestra ciudadanía.