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Otra vez la ADP (Asociación Dominicana de Estudiantes).

Otra vez los paros auspiciados por la ADP en escuelas.

Ahora la noticia nos llega desde Tenares, un municipio de la provincia Hermanas Mirabal. Nos cuenta la crónica periodística que el paro es de 48 horas, dos días, jueves y viernes, y que podría extenderse si las autoridades de Educación no acceden a los reclamos de los directivos de la ADP.

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La otra crónica da cuenta de que la seccional de la ADP sacó a los profesores de las aulas para marchar por calles del municipio en protesta por las malas condiciones en que se encuentran varios centros educativos.

El paro de docencia, es decir, dejar de trabajar, y las marchas, los dos métodos favoritos de los directivos de la ADP protestar o reclamar salarios, servicios, reparaciones, nombramientos.

Con esta forma de hacerse sentir y para que las autoridades del Ministerio de Educación escuchen sus reclamos, los maestros malgastan los recursos de los contribuyentes y afectan el proceso educativo de los escolares. En otras palabras, son dos maneras de los maestros y los directivos de la ADP lesionar la escuela, la educación, la enseñanza.

Es lamentable que esta situación esté ocurriendo desde hace varios años en un país con tantas deficiencias en la formación de sus habitantes, incluyendo a los escolares y sus maestros.

La frecuencia de estos paros, la repetición de los patrones de los mismos, las violaciones de los pactos de no suspensión de la docencia, etcétera, permite pensar que hay motivos políticos partidarios para este comportamiento. Porque no es posible tanta insensatez, tanta perseverancia para hacer daño, para abusar de niños, adolescentes y jóvenes que necesitan formarse, aprender, abrirse espacio en la vida para luego conseguir un puesto digno en el mercado laboral.

Sin exageración, hay que decirle a la ADP, a sus directivos mayores y a los regionales, al profesorado en general, que la sociedad dominicana está cansada de sus abusos, que reclamar no es molestar, no es lesionar, no es abusar, mucho menos cuando los reclamos provienen de maestros.

Y al Ministerio de Educación hay que decirle, sin medias tintas, que ya es hora de que actúe con los recursos que la ley pone en sus manos.

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