Guardianes de la verdad Editorial
Editorial-(1)-21092025

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Habría que deplorar cualquier paso en falso manifiesto en falta de rigor para mantener activo el combate a la corrupción cuando da señales en el presente y no se pasa a escrutarla con la contundencia con que funcionaron las persecuciones sobre anteriores gestiones de Estado. Algo huele mal en Dinamarca cuando en la actualidad se disponen rápidos despidos y traslados de funcionaros puestos fuera de sus posiciones originales con cuestionamientos mediáticos que quedan sin respuestas y escapados del régimen de consecuencias por tratamientos que parecen generarle protección desde arriba. Un «olor» que parece coincidir con una reanimación de proyectos políticos del sector de la oposición que más vapuleado resultó por los gruesos expedientes por supuestos crímenes de enriquecimientos pasados, de los que solo dos se dirigen hacia la condición final de lo «firme y definitivamente juzgado».

Sería muy adverso al adecentamiento de gestiones públicas a través de una efectiva y sin excepciones erradicación de la impunidad el que ahora afloren escándalos tras cinco años de una misma presencia sin que los mecanismos sancionadores sean vistos en cabales diligencias. Quedaría implícito el mensaje (mal de muchos, consuelo de tontos) de que la vocación por el peculado no es monopolio de nadie; lo que no debería servir como excusa vil para justificar enajenaciones sobre el patrimonio público de diferentes épocas; solo porque la acción procesal pasa a carecer de equidad al limitarse a poner énfasis en las rapiñas anteriores. Una debilidad ilustrada mediáticamente la semana pasada con una síntesis de reportes que empañan el discurrir oficial 2020-2025 con al menos nueve hechos de considerable dimensión que abundan sobre supuestos pero suficientemente documentados y preocupantes actos de mala administración lesiva al interés nacional o de corrupción directamente hablando. Divulgaciones del periodismo de investigación -de particular fuerza en medios televisivos- conceden gravedad a perjuicios a la sociedad dominicana que no consistieron en meras idelicadezas. Cierto prestigio está en juego a pesar de que recientemente un informe de monitoreo internacional indicó que el Gobierno del presidente Abinader figura entre los de mayor transparencia en la región. Valgan las pruebas de que sí.

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