La decrepitud de fondos para casos catastróficos

Editorial Hoy
La gravedad de la insuficiencia, como era de esperarse, tenía que llegarle al programa estatal de asistencia a la desesperación de los dominicanos desvalidos (sobre todo a los adultos mayores) cuando sus vidas pasa a depender de medicamentos de altos costos, el recurso de sanación efectiva más atacado por factores encarecedores. El derecho a sobrevivir se encuentra en jaque ahora mismo para esos marginados.
Contra ellos se manifiesta una terrible matemática: ningún fondo sobrevive a mediano plazo si cada día urge acudir más a él al crecer la población necesitada sin que sus fuentes nutricias lo hagan de la misma forma. Un agujero deficitario obra contra esa asistencia social aunque el Estado se ha distinguido durante años por prodigar a una minoría que le es grata pensiones muy bien dotadas al margen de la obligación de proteger a los más débiles asignando en privilegio partidas irracionalmente superiores a los recursos que se dirigen a urgencias de ciudadanos realmente pobres que son los que entonces no sobreviven ni a un agudo ataque gripal.
Una adición de beneficios que la soberana voluntad del Poder Ejecutivo especializa en un abrir y cerrar de ojos mientras la protección a la gente más necesitada está constreñida a sumas presupuestales que no han cobrado el debido tamaño.
A pesar del acrecentamiento excepcional de hasta hace dos años de la disponibilidad asistencial para la mayoría pobre, la demografía dominicana se caracteriza por un componente de adultos mayores que cobra magnitud a todo dar mientras desciende la fertilidad reproductiva y asoma el fantasma de las baja cotizaciones para el sistema mutualista.
Queda la impresión de que a esa evolución que desequilibra los ingresos y egresos de los planes pensionistas de gran parte del planeta se suma la preferencia de algunos gobiernos de dar de sí más de la cuenta para garantizarse el apoyo de algunos supuestos influyentes (a los que atribuyen más importancia de la cuenta) en desmedro de los ciudadanos económicamente débiles: esos que solo salen de la desatención frente a los ojos del poder en tiempos de elecciones.