Editorial

Algo huele mal

Intrigantes medios de traer cigarrillos a la RD

Dudoso que en verdad existan todavía, en plenitud de ocultamiento, multitudes de fumadores a la vieja usanza que antes se delataban por doquier por emanaciones características.

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En parangón a la famosa frase hecha de “algo huele mal en Dinamarca” habría que suponer como escasa la posibilidad de que entre los olores sospechosos que proliferen en República Dominicana aparezca todavía el de la combustión de picaduras de tabaco comprimidas en cigarrillos. 

Aquí el hábito de fumar con ese recurso aparece en extinción y una parte de la juventud difícil de contabilizar se entrega más bien a la novedad de dispositivos que calientan un derivado de la aromática hoja para que despida diminutas partículas de gas o líquido sin humo ni impresiones para el olfato.

Está evidentemente constituida todavía una reducida proporción de consumidores esnob desertora del tabaco a la que extrañaría mucho que estuviera dirigida la enormidad de cargamentos clandestinos de cigarrillos detectados continuamente que solo podrían justificarse con la existencia de unos miles ( quizás millones?) de extraños adictos al decadente pitillo. El último y más reciente alijo interceptado ayer por autoridades pasaba de millón y medio de unidades que para su exitosa distribución y venta tendrían que ser mercadeadas por más de media ciudad y uso de la mayoría de los colmados allí establecidos. 

Dudoso que en verdad existan todavía, en plenitud de ocultamiento, multitudes de fumadores a la vieja usanza que antes se delataban por doquier por emanaciones características.

Estadísticamente el consumo de cigarrillos tradicionales -un grave problema sanitario- aparece en descenso en el país, un panorama que los especialistas describen como complejo por las alternativas formales y legales unas, y otras que caen en el terreno de lo ilícito. Las importaciones de marcas extranjeras y reconocidas cayeron en cerca de un 60% en los últimos años. La significativa reducción no se atribuye necesariamente a la deserción de fumadores sino a que la gravitación de impuestos ha subido los precios exorbitantemente.

La prevalencia del tabaquismo ha bajado en todos los países de América y está calculada ya en menos de un 18% del universo ciudadano. Antes, tomando como muestra a Estados Unidos, el 52% de los hombres y el 34% de las mujeres usaban habanos y cigarrillos.

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