Educación
La pérdida de docencia sigue siendo importante
Con posterioridad los gobiernos tardaron en reaccionar contra las limitaciones infraestructurales de un sistema de enseñanza sometido prontamente al explosivo crecimiento demográfico que hasta hace pocos años determinaba que poco más de la mitad de la población no rebasara los 20 años edad.

Editorial
Aunque ha dado esperanzadoras señales de progreso, la baja calidad de la enseñanza preuniversitaria que se imparte en el sector público y es medida una y otra vez por organismos especializados no podría por su complejidad atribuirse a una causa única existiendo pocas dudas de que los beneficios del aumento presupuestal al 4% de hace un decenio tardan en lograrse de manera sustancial por la profundidad de las limitaciones y fallas aceleradas durante el caos de transición desde la dictadura de Trujillo a la democracia que puso en quiebra el principio de autoridad.
Con posterioridad los gobiernos tardaron en reaccionar contra las limitaciones infraestructurales de un sistema de enseñanza sometido prontamente al explosivo crecimiento demográfico que hasta hace pocos años determinaba que poco más de la mitad de la población no rebasara los 20 años edad. Había que tener aulas, maestros y métodos de enseñanza satisfactorios para uno de cada dos dominicanos situado en edad escolar. Formidable presión para un país subdesarrollado que venía de la oscuridad de una dictadura.
Ese mismo subdesarrollo o inmadurez en el plano de las relaciones entre el Estado y una parte importante sus asalariados ha persistido con evidencias de graves daños, que en ocasiones han sido masivos, a la docencia: al legítimo derecho a la enseñanza de dominicanos de los estamentos sociales medios e inferiores que asisten a planteles públicos: poco más de dos millones en el año lectivo 2024-2025.
En las memorias del Ministerio de Educación y en verificaciones de la sociedad civil sobre desempeños magisteriales consta que continuos paros promovidos por seccionales sindicales generaron un impacto crítico en el sistema educativo reduciendo el calendario escolar y el desarrollo integral de estudiantes.
La pérdida extraordinaria de tiempo de clases hasta noviembre del 2025 aparece en registros oficiales de actividad escolar en escuelas del Estado como habiendo representado el 36.6% de las horas en que los estudiantes debieron estar sentados en sus pupitres para crear las bases de su formación y ser útiles a ellos mismos y a la sociedad. La inestabilidad del calendario sigue estimulando deserciones.