Editorial

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Con el paso del tiempo, se ha acentuado la aspiración de hombres y mujeres a superar barreras para establecer estados de igualdad entre los seres humanos por encima de las condiciones de género, raza e ideología; y todavía más: respetando las preferencias sexuales. Aun cuando algunos sectores se aferren a la idea de marginar a quienes asumen una sexualidad no convencional, importantes movimientos sociales marchan contra el discrimen que en ese ámbito conduce a descalificar moralmente a quienes no son heterosexuales. Tras la consagración de los derechos humanos como guía universal en el siglo pasado lo legítimo es respetar la libre decisión que en su interacción con el medio social asuman adultos sin dañar al prójimo.

La selección por el presidente Obama de un activista de los derechos de los homosexuales para ser embajador de su país en Santo Domingo generó reacciones de fundamento religioso, y seguramente bien intencionadas, en rechazo a la soberana decisión del gobernante norteamericano. Objeción con la que otros sectores se declaran en desacuerdo por entender que debe primar el trato igualitario y porque, además, es notorio que en toda época y país existieron hombres y mujeres responsables y meritorios a los que probablemente se podría colocar en el mismo plano del anunciado emisario estadounidense sin que por ello se les pudiera considerar menos dignos y menos valiosos para la sociedad,

Llevar economía a la formalidad

Los empleos informales, en su desbocada multiplicación, tienen a gran parte de la economía fuera del curso que más conviene a un crecimiento saludable. El curso que garantizaría una adecuación a los retos de la globalización. La informalidad es lastre y obstáculo a la competitividad y a una mayor generación de ingresos. La informalidad hace más difícil combatir la pobreza.

El presidente del Conep, Manuel Díez Cabral, ha propuesto una alianza público-privada para estimular la creación de empleos formales. La asociación de lo estatal con lo empresarial serviría para coordinar políticas y emprender iniciativas hacia el desarrollo. Además andamos muy mal en la creación de empleos de calidad, siendo el Estado un sobresaliente empleador de gruesa e improductiva nómina. La respuesta del Gobierno a la propuesta de alianza debe ser positiva y dar paso a un acuerdo para hacerla realidad.

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