El dominio mental: óptica política y cibernética para el control local y mundial (9)

Rafael Santos
La sociedad se encuentra más atomizada que nunca. Con cada nuevo descubrimiento, principalmente aquellos que tienen que ver con la tecnología y la cibernética nos sentimos como especie ante serias amenazas, además también con aquellos temas que tienen que ver con guerras, terremotos, corrupción, terrorismo, etc.
Es lo que de manera magistral, el escritor y estratega, don Pedro Baños, nos trata en el libro: “El Dominio Mental, La Geopolítica de la Mente”, a través del cual y en sus 542 páginas nos enteramos de importantes elementos que las grandes naciones que buscan el poder usan, ya que “Para manipular a una persona, o a una población entera, hay que conocerla a fondo. Su mentalidad, gustos, fobias, intereses, necesidades, ambiciones, debilidades o emociones. Para ello el primer paso es la observación, la vigilancia”, página 131.
Ya lo habíamos advertido en algunas que otras de las entregas anteriores, en donde precisábamos que para lograr tales propósitos, los gobiernos o las grandes corporaciones que se dedican a la búsqueda de poder, contratan los especiales servicios de profesionales de la conducta y las ciencias sociales, así como a entes pensantes que se dedican al establecimiento de estrategias de cara al logro de ciertos objetivos.
Es ahí, la importancia que tiene el control de la mente, y que en la novela 1984 de George Orwell también trabaja; por ejemplo, cuando nos habla de su personaje del “Policía del Pensamiento”, y que ahora vemos que con una maestría extraordinaria trata Baños en el texto sobre el cual reflexionamos, en donde vemos elementos de control que el citado novelista usa, no sin antes aclarar, que ambas obras, es decir la citada al inicio del párrafo y el libro sobre el cual reflexionamos, hay una distancia de tiempo de más de 70 años, sin embargo, los datos que nos arroja Pedro se basan en fuentes científicas que son muy coincidentes en cuanto a la estructuración del poder o del control mental.
En la obra “El Dominio Mental, La Geopolítica de la Mente”, vemos el papel que para control y/o vigilancia vienen jugando las redes sociales, las cuales una más que otras les sirven a los interesados como bancos o almacenamientos de nuestros datos.
No debemos olvidar que es harto bien sabido, son estos datos que nosotros de manera “voluntaria” les damos a las diversas plataformas, los que más luego son negociados a terceros con el objetivo de crear perfiles que más adelante se segmentan para la elaboración de contenidos que a su vez, terminan siendo objeto de estudio de nuestra personalidad y de ahí (como es lógico), inyectarnos vía también las mismas redes sociales, los vitamínicos necesarios para de esta manera controlar nuestras mentes, nuestras emociones…
“Con estos datos es fácil deducir qué tipo de vida llevamos, cuánto dinero ganamos e, incluso, cuando nos vamos de vacaciones. Y con ellos se crean bases de datos muy completas, con información que es vendida sin nuestros consentimientos a terceros, que las emplean con fines comerciales, entre los que se incluyen el envío de publicidad personalizada”, páginas 133-134, que es ahí en donde esas grandes corporaciones cibernéticas tienen sus negocios más lucrativos.
Esos datos que se constituyen en materia prima tal y como ya lo hemos dicho pero que en la página 136 Pedro Baños aborda con elegante maestría “acaban en manos de los data brokers, corredores de información que hacen las veces de intermediario en el proceso de recopilar datos para luego venderlos a tercero. Estos lavan los datos para aparentar prudencia legítima y legal. Finalmente, esos datos llegarían a políticos, a comerciales o a los estrategas de campañas de influencia de todo tipo”, página 136.
Desde la página 143 hasta la 156 el autor nos habla de la vigilancia un tanto personalizada, en donde con datos científicos nos presenta elementos que son muy importantes para comprender el mundo en el que vivimos, y sobre todo, el dominio que los llamados poderosos ejercen sobre todo nuestros países llamados del tercer mundo.
No debemos olvidar, que el “Internet se ha convertido en el instrumento fundamental para la manipulación social. Se consigue todo sobre nosotros. Los gigantes tecnológicos, y por ende los Estados, llegan a conocernos mejor que la familia y las personas que nos rodean. Y cuanto mejor nos conozcan, más fácil será condicionar nuestras emociones y conductas, vendernos lo que se supones que necesitamos – incluso si ni siquiera lo hemos pensado todavía– orientar nuestras ideologías o inclinar el voto en las siguientes elecciones”, página 156, es por ello que no en vano, “El Pentágono inventó internet para ser la máquina de vigilancia perfecta. La vigilancia está grabada a fuego en su ADN” Mark Ames, página 157.
Entre las páginas 175 y 177 Baños nos habla de lo que es la identidad digital, componente que se ha constituido en un elemento práctico para lo que es el control social, y que quienes buscan establecer este método para lograr poder sobre los demás, usan como el perfecto vehículo de las redes sociales.
“Una vez que se conoce a fondo al ciudadano, será mucho más fácil manipularlo, imponerle normas y hasta castigarlo si no hace, come o práctica lo que el Gobierno le ha ordenado o aconsejado”, páginas 181-182.
Muchos aún no han entendido que prácticamente la humanidad está a merced de quienes desde hace muchos años vienen conquistando espacios de importancia en el globo terráqueo, ya sea a través de las armas u otras estrategias que desde la instauración del Imperio Romano se ha observado como dominio, poder o control, y que ahora en la llamada era de la modernidad y gracias a importantes inventos “Nos hemos convertido en esclavo de dispositivos que se suponen están a nuestro servicio. Ahora, quien les da las órdenes no es el que manda. Somos meros vasallos digitales del que gobierna, desde la opacidad, ese aparato tan gracioso con el que hablamos, y que, al paso que vamos puede convertirse en nuestro único compañero de piso”, página 182.
Ahora bien, al hablar de poder no podemos ignorar que la “Política es un ámbito tremendamente complejo”, y más adelante nos continúa diciendo, que “En consecuencia, la política aporta soluciones apoyándose en principios morales o ideológicos que permitan organizar la sociedad y conseguir la adhesión a las propuestas de, al menos, una parte de sus miembros. Y para lograrlo, hay que manipular el pensamiento de los ciudadanos. El modo de utilizar esa política mental dependerá de las intenciones y propósitos de quienes la ejerzan”, pagina 193.
Las redes sociales, al ser trabajadas para fines de control, por los especialistas y pensadores que para tales fines se ocupan de elaborar perfiles zonales y hasta personales. Una vez logrado el objetivo un equipo también compuesto por especialistas, envían todo tipo de publicidad para de esta manera controlar hasta la manera de pensar inyectando hasta nuestra mente las ambiciones de quienes desde la sombra pretenden controlar a determinados conglomerados, (páginas 193-197).
“La tecnología permite una manipulación cada vez mayor. Hay una gran diferencia entre hacer política siguiendo la pista de la opinión pública y crear opinión pública. No es lo mismo escuchar los miedos de la gente que crear miedo en ella”, página 197, ya que “Para dominar psicológicamente a las poblaciones se crean, de manera artificial, problemas que no existen, y que además no son la principal preocupación de las personas, por más que se insista en ello”, página 203.
Queremos precisar ya al final de la presente entrega, que no necesariamente “triunfa el que cuenta la verdad, sino el que crea la mejor verdad”, página 213.