Guardianes de la verdad Opinión

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Resulta difícil de creer, pero hay que admitirlo: el hombre cree que domina la naturaleza porque ha logrado tocar la superficie de la luna. Lo cierto es que no hemos sabido convivir con la naturaleza y, por tanto, no la entendemos, ello, pese a todos los conocimientos acumulados que nos permiten hasta predecir, con cierta precisión, cuándo, en qué lugar y por cuánto tiempo va a llover.

Sin embargo, aún no hay certeza para predecir el peor enemigo de la naturaleza: el terremoto, único episodio que no avisa.

Se tiene la seguridad de que algunos animales tienen la capacidad de percibir, de saber por anticipado, cuando va a ocurrir un terremoto. Aun así, no parece haber tiempo de avisar a la gente con anticipación.

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A veces no sé si es que como ahora todo se sabe, todo se ve, todo se escucha, estamos más atentos a todo lo que ocurre o, simplemente, es que antes no se veían las noticias en desarrollo ni había la capacidad de seguir los acontecimientos en una secuencia tal que nos permitiera un análisis totalizante. Me refiero al agua, a las lluvias, a las inundaciones.

Antes se coreaban las lluvias para que vinieran y también para que se fueran, conforme a las necesidades y deseos de los hombres. En ese tiempo se cantaba: “San Isidro el labrador, quita el agua y pon el sol/San Isidro el Labrador, quita el sol y pon el agua”. Con esa ingenuidad hablaban los pueblos con la naturaleza.

El irrespeto a la naturaleza ha creado desiertos, tormentas de arena, sunamis, inundaciones, terremotos, ciclones, a lo largo de la historia y aún no sabemos cómo manejar las aguas para que nos beneficien, en todos los casos, y no nos perjudiquen.

Construimos casas, barrios y pueblos, en forma irresponsable al fondo de montañas preñadas de agua o súbitamente castigadas por aguaceros y tormentas que azotan un territorio por 15, 20 horas y se producen los desastres.

Años atrás, el nevado del Ruiz, un monte de Colombia, se vino abajo y sepultó un pueblo. Aguaceros continuados por más de 10 horas unieron las aguas que contenía el cerro del litoral de Caracas y el torrente impetuoso e imparable se llevó casas, barrios, edificios multipisos.

Todos los años el Mississippi y otros grandes ríos en Norteamérica, en toda América, Europa y Asia, producen inundaciones alrededor de sus orillas y se llevan vidas, viviendas, animales.

Hoy día, las aguas producen grandes daños, las soluciones son locales pero el problema es mundial, ¿vamos a permitir que las aguas nos ahoguen?

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Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

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