Guardianes de la verdad Opinión

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Escuché hace pocos días en el programa de televisión de Altagracia Paulino, la directora de Pro-Consumidor, una excelente idea acerca de cómo defender a los consumidores cuyas devueltas de centavos son imposible de obtener de parte de grandes tiendas o supermercados.

Cada vez que usted va a comprar cualquier mercancía que cueste equis pesos con ochenta centavos, difícilmente le devuelven los veinte cheles. A veces le ofrecen un caramelo con una sonrisa y la excusa de que “no hay cambio”.

La idea propuesta es que cada vez que un supermercado o tienda no pueda devolver el cambio exacto, lo haga constar en el recibo, y que estos recibos operen como notas de crédito. Así, el consumidor, en vez de perder su menudo o regalárselo a los ricos comerciantes, podrá ir juntando sus cheles hasta que pueda usarlos para pagar parte de cualquier compra.

Mucho se habla y apenas algo se hace en la vasta área inexplorada de cómo el Estado puede y debe proteger a los más chiquitos de los abusos de los poderosos. Aparte del asunto con las devueltas de menudo otra situación que afecta al comercio es el abuso de unos pocos grandes detallistas contra sus suplidores locales. Uno ve en la prensa cómo asesores y funcionarios que se ocupan de la competitividad se desgañitan hablando de marcos legales, incentivos fiscales, facilidades aduaneras, financiamientos, clusters, destrezas gerenciales, alianzas estratégicas y cuanta frase hecha o cliché exista.

Los pequeños industriales y comerciantes pasan las de Caín para alcanzar economías de escala pues deben forzosamente depender de los tres o cuatro hiper-comercios nacionales que poseen, con cuatro o cinco cadenas, la más elefantiásica fuerza de venta al detalle. En la mar serían una ballena asesina.

Y la verdad es que nada hace tanto daño a la industria y comercio criollos que la mala costumbre, aceptada porque no hay poder que les tuerza la voluntad, de esos pocos comercios que reciben mercancía a crédito o consignación, prometen pagar a 30 días, luego usan argucias vergonzosas para estirar esos 30 días hasta 60, y cuando van llegando a 90, tienen el descaro de reclamar descuentos por pronto pago si entregan el cheque en cinco o diez días. ¡Casi tres meses después de recibida y vendida la mercancía!

Sólo el gobierno puede –y debe- defender a los más débiles.

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