El mes de la familia, noviembre

Tahira Vargas García
El mes de noviembre está marcado. Se le considera en el país el mes de la familia y de la lucha contra la violencia de género. La coincidencia de ambas celebraciones no es casual. La familia «tradicional» o nuclear (hombre-mujer-hijos/as) es el principal escenario de violencia de género.
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¿Por qué existe violencia de género al interior de “familias tradicionales” o familias nucleares?
Algunas de las dimensiones generadoras de la violencia de género en familias “tradicionales” en los distintos estratos sociales son las siguientes:
- “El hombre es el que manda”. Las pautas que predominan en nuestra sociedad alrededor de la relación hombre-mujer suponen el sometimiento de la misma al poder masculino. Se promueve desde la niñez en: familias, centros educativos como en instituciones religiosas protestantes y católicas. Este ejercicio de poder masculino o “machismo” toca distintos ámbitos como son:
a. Proveedor económico. “El hombre es el que lleva el dinero a la casa”. La inserción laboral de la mujer tiende a ser sancionada socialmente tanto por instituciones religiosas como educativas en las que se entiende que la mujer “por el trabajo, descuida la familia”.
b. Control de las “salidas” y diversión de la mujer. Culturalmente se condena que la mujer “salga” sin su “marido”, el “marido” tiene permiso para salir y regresar a la hora que le plazca. Esta lógica sancionadora y desigual de la diversión se convierte en un factor de conflicto y generador de violencia continua.
- “El hogar es de responsabilidad exclusiva de la mujer”. El hombre es educado para la calle no para el hogar. La lógica masculina-machista supone que la mujer “debe siempre estar en el hogar esperando a que llegue el marido” para “atenderlo”. La violación de esta lógica genera violencia socialmente legitimada.
La exclusión del hombre de los roles domésticos es promovida por los entornos familiares, vecinales, educativos y religiosos. La alimentación, limpieza e higiene, cuidado de la población infantil, de personas adultas mayores y con condiciones de discapacidad, lavado-planchado, todas estas actividades están relegadas a la mujer y su omisión por parte de ella provoca sanción y justificación de la violencia.
El predominio de la cultura patriarcal y el machismo afectan notablemente a la familia con manifestaciones de violencia y desigualdad de género en las relaciones de pareja y la formación de familia. Se requiere que las instancias del Estado con programas dirigidos a las familias, el sistema educativo, instituciones religiosas y sector privado dediquen esfuerzos hacia procesos educativos que promuevan cambios culturales que desmonten el imaginario machista y desigual en la familia hacia la equidad de género, nueva masculinidad y cultura de paz.