Opinión

CristianMotax

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Desde su puesta en funcionamiento en 2009, durante el gobierno de Leonel Fernández, el Metro de Santo Domingo se ha consolidado como el mayor avance en transporte colectivo de la historia reciente del país.

No fue simplemente la inauguración de un tren moderno, sino el inicio de un modelo de movilidad masiva que ha transformado la forma en que miles de ciudadanos se desplazan a diario por el Gran Santo Domingo.

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En estos 15 años, el sistema ha evolucionado y crecido gracias a la continuidad de políticas públicas que, con aciertos y mejoras, han sabido responder a una demanda que no deja de aumentar.

El gobierno de Danilo Medina amplió este servicio con la segunda línea hacia sectores estratégicos, y hoy, la administración de Luis Abinader impulsa su extensión hasta Los Alcarrizos, además de apostar por la modernización y el aumento de la capacidad de transporte.

El más reciente paso en esta dirección es la incorporación de trenes de seis vagones para la Línea 1 que eleva la capacidad a 17,000 pasajeros por hora. Esta mejora, financiada en gran parte por la Agencia Francesa de Desarrollo, ha logrado lo que parecía imposible hasta hace pocos días: eliminar las interminables filas, los empujones y las discusiones en las horas pico. En apenas dos días de operación, la afluencia de pasajeros aumentó un 23 %, prueba del impacto inmediato de estas medidas.

Pero más allá de las cifras, lo que se fortalece es la esencia misma de lo que debe ser un transporte colectivo: ordenado, seguro, rápido y accesible. Organizar el flujo de pasajeros no es solo un asunto logístico, es una cuestión de dignidad y calidad de vida.

En ciudades donde el tráfico y la sobrepoblación de vehículos ahogan la movilidad, el Metro se convierte en la columna vertebral que da sentido a una red de transporte más amplia y eficiente.

La expansión hacia Los Alcarrizos será otro hito, pues permitirá conectar zonas de gran densidad poblacional con el corazón económico de la ciudad. Esto reducirá significativamente los tiempos de traslado y ofrecerá una alternativa real a la dependencia del transporte informal.

El Metro de Santo Domingo es, sin duda, uno de los pocos proyectos de Estado que ha logrado trascender gobiernos y mantenerse como una prioridad. Desde 2009 hasta hoy, ha demostrado que la movilidad urbana puede gestionarse con visión, inversión y continuidad. Y mientras se siga apostando por su ampliación y modernización, el Gran Santo Domingo tendrá una herramienta cada vez más poderosa para organizar su caótico flujo de pasajeros y mejorar la vida de su gente.

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Cristian Mota

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