Reflexión
El escudo que Dios nos manda
Un buen amigo me compartió hace poco un artículo que me tocó profundamente. Fue publicado en la revista española Ethic, bajo el título ¨ ¿Quién querría vivir sin amigos? ¨, de la autoría de la periodista, poeta y escritora Esther Peñas.
Amistad
Un buen amigo me compartió hace poco un artículo que me tocó profundamente. Fue publicado en la revista española Ethic, bajo el título ¨ ¿Quién querría vivir sin amigos? ¨, de la autoría de la periodista, poeta y escritora Esther Peñas. Se trata de una pieza hermosísima, que recorre con sensibilidad y agudeza, lo que sobre la amistad han dicho voces fundamentales de la filosofía y la literatura a lo largo de la historia. Reflexiones que sobre este sentimiento nos han legado pensadores de distintas épocas.
Al leer ese artículo me puse a reflexionar sobre ese maravilloso bien que es la amistad, y me pregunté si hoy está en decadencia. No tengo muchos amigos, pero esos pocos valen por multitudes. Son joyas que cuido y guardo con celo, porque perderlas sería perder una parte de mí. Es un vínculo vital, un lazo imprescindible que oxigena mi espíritu y, al lado de mi familia, me da la fuerza que necesito para enfrentar cada desafío que me trae la vida con la calma y el coraje necesario.
Pero en la sociedad de hoy, ¿Sigue siendo la amistad ese lazo donde predomina la lealtad, el desinterés y la solidaridad entre dos personas? Francamente lo dudo. Quisiera estar equivocado, pero creo que en esta época prevalece más la amistad utilitaria definida por Aristóteles y que describe la autora en el citado artículo, que es aquella donde ambos buscan una ganancia, una ventaja material, algo similar a los socios.
Estamos viviendo en una vorágine donde todo urge y se mide en resultados económicos o bienes materiales. El ritmo diario nos empuja en una dinámica donde todo es rápido y se ha convertido en una utopía pensar en que podríamos fomentar esas relaciones que requieren de nuestro tiempo, atención y cuidado.
Frente a toda esta velocidad, potenciada por tanta información a la mano, tal vez es momento de detenernos y preguntarnos qué entendemos por amistad, qué son los amigos. En mi caso, la mejor definición la encontré escuchándola en un compadre mío, que dice que los amigos “son el escudo que dios nos manda para librar las batallas de la vida”.
Recuperar la amistad desinteresada es, quizás, el mayor acto de rebeldía en este siglo. No dejemos que la lógica del mercado dicte nuestras relaciones ni que la urgencia nos quite la vida. Detengámonos a cultivar esos afectos que no rinden intereses económicos, pero que nos devuelven la paz. Después de todo, sin esos pocos amigos que son parte de nuestra esencia, el camino sería solo un tránsito frío y sin sentido.