Firmes en la batalla

MONTSERRAT-BOGAERT
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
2 Timoteo 1:7
La vida cristiana es un campo de batalla en el que solo los valientes pelean con determinación. Cada día surgen obstáculos que buscan detenernos, pero debemos recordar que hemos recibido un espíritu de poder, de amor y de autodominio, no de temor ni de derrota.
Si la fe no se pone en acción, el corazón se llena de angustia y el enemigo gana terreno. Por eso, debemos sostener siempre el escudo de la fe tal como lo hacían los soldados en la antigüedad, que nunca se separaban de él, conscientes de que el ataque podía llegar en cualquier momento. Estar desprotegidos significaba exponerse a la derrota, y lo mismo sucede en nuestra vida espiritual.
El enemigo buscará cada oportunidad para debilitarnos, pero Cristo ya conquistó la victoria en la cruz. Nuestra responsabilidad es mantenernos firmes, vestirnos diariamente con la armadura de Dios y no retroceder. La palabra de Dios nos fortalece, nos llena de fe y nos recuerda que no peleamos solos: en ÉL somos más que vencedores.