Crisis
El gobierno quiere sacrificar a los pendejos
El plan es una aspiración sensata de buscar los recursos necesarios para enfrentar una crisis que no generamos nosotros, pero si pagamos los platos rotos.
Gobierno dominicano
Al culminar la reunión del consejo de ministros, el gobierno anunció un claro objetivo para afrontar esta crisis: plan de austeridad para disponer de 40mil millones de pesos.
Hasta ahí no hay problemas. El plan es una aspiración sensata de buscar los recursos necesarios para enfrentar una crisis que no generamos nosotros, pero si pagamos los platos rotos.
El problema está en que acompañan esa aspiración con una serie de medidas cosméticas que debe tener a los agentes financieros internacionales preguntándose, ¿qué carajos están haciendo en el lado este de la hispaniola? ¿Por qué siguen presentando como un logro que los precios de los combustibles no han subido en la misma proporción, o una más razonable para las finanzas públicas—por supuesto— que los precios mundiales del petróleo?
¿Cómo es posible que los tecnócratas del cambio anuncien un catálogo de intenciones abstractas frente a la concreción de una crisis que nos está dando durísimo en el bolsillo?
¿Acaso no se han percatado del aumento del costo de la canasta básica familiar en los quintiles más pobres como publicó el Banco Central?
Ellos plantean la reducción de los gastos operativos, muy bien, pero ¿con qué se come eso? ¿de manera específica, cuáles son esos gastos?
Contención en la adquisición de vehículos, ¿cómo así? ¿dejaran de andar en yipetas del año y quemar combustibles los funcionarios del gobierno? ¡Por favor!
¿Y las vergonzosas exoneraciones que venden los legisladores y que según se han denunciado, traen vehículos de lujo como el Rolls-Royce que trajo con una exoneración fiscal un legislador del PRM en Barahona? ¿No sería sensato utilizar su super mayoría en el congreso para corregir esas distorsiones, incluyendo las del barrilito?
Racionalización de servicios y contrataciones, suena sutil y hasta bonito, pero ¿por qué no congelar por varios meses la nómina pública que, según datos de la Tesorería de la Seguridad Social, —publicados por CREES esta semana— solo el año pasado la nómina —que ha mantenido una tendencia alcista— creció 4.8%, equivalente a 35,273 nuevos empleos.
No sería más inteligente decirle al país: “señoras y señores, en estos tiempos de crisis, debido al incremento de los precios del barril del petróleo a nivel global y al efecto que tiene sobre las finanzas públicas, anunciamos por primera vez en la historia republicana la congelación de la nómina pública por los próximos 3 meses”.
Proponen reducir “prudentemente” la publicidad. Bien, deben reestructurarla por la opacidad con la que se manejan entre las instituciones y las agencias publicitarias, además de transparentar las comisiones que devengan. Quizás sea más económico para el Estado volver al mecanismo de contratación directa.
Pero ¿y las imprudentes exenciones tributarias? ¿Por qué los tecnócratas del cambio no le meten el diente?
Si el gobierno destina —de manera coyuntural como se supone que deben ser— casi 400 mil millones de pesos —subsidios— a sectores “clave” de la economía, porque no revisarlos si partimos de la idea de que en tiempos de crisis “todos” debemos sacrificarnos.
Evidentemente, entre bomberos no se pisan la manguera. Un gobierno de popis con un tufo empresarial parece que no está dispuesto a sacrificarse a sí mismo.
Después de apostar por una gerencia política de la crisis y neutralizar a la oposición con una serie de visitas en las cuales a decir de los actores participantes no presentaron un plan concreto, aunque si habían tomado medida para contener los precios de los combustibles y congelar el GLP para aligerar la carga de los hogares más vulnerables.
Sin embargo, han optado por cortar la soga por lo más débil, ya no se trata solo de neutralizar a la oposición sino sepultarla en la opinión pública al optar por el populismo de anunciar un recorte de un 50% de los fondos de los partidos políticos. Medida que los va a congraciar con sectores que apuestan por la destrucción del sistema de partidos.
Es más factible para los tecnócratas del cambio fortalecer la ola anti política y debilitar a la oposición, y como consecuencia, la democracia, que apostar a la responsabilidad de decisiones impopulares y a la consolidación del sistema de partidos.
¿Por qué no dicen “¿NI JÍ” sobre el desastre eléctrico y el hoyo que representa para finanzas públicas? Solo el año pasado las perdidas estuvieron por encima del 42%, manteniendo su tendencia alcista desde que asumieron el gobierno.
¿Y el plan de reducción de perdidas eléctricas que fue firmado con todo y ceremonia y solemnes lapiceros azules? ¿y el déficit del sector que supera los cien mil millones de pesos? Mucho más de lo que devengarían por el “aporte” de 800 millones de pesos que equivale el 50% de los fondos que le pretender recortar a los partidos.
¿Alguna medida para enfrentar lo que el economista Jaime Aristy Escudar bautizó como “el costo de la incompetencia”?
Igualmente, ¿y la reducción de la deuda pública consolidada que alcanzó los 80,670?2 millones de dólares en febrero de este año y que solo el pago de intereses asciende a 324, 257.1 millones de pesos en un entorno internacional cada día más complejo?
Estamos atrapados en un torbellino de incompetencia y anti-política con instituciones paralizadas, funcionarios irresponsables que no terminan de funcionar y solo parecen servirse con la cuchara grande para defender sus jugosos negocios e intereses económicos. Con escasísimas excepciones.
Me pregunto, ¿cuál será el legado del presidente Abinader?
¡Cuidado presidente! Sorpresivamente, hasta sus aliados tradicionales como Participación Ciudadana —que, como aquellos mamíferos vertebrados, suelen ser los primeros en saltar del barco— están cuestionado la legitimidad de la justicia.
¡Dios nos agarre confesados!